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¡Ya está bueno!


Cada vez que en los últimos meses, el apreciado periodista Roberto Morelos mojaba su pluma en arsénico y disparaba toda clase de misiles contra Martín Torrijos, yo reflexionaba sobre el derecho de él, y el de todos cuantos como él piensan, a defender e impulsar la candidatura de su aspirante favorito, demeritando las posibilidades del hoy abanderado presidencial del PRD.
Así las cosas, tanto en la sede de Bella Vista, como en otros encuentros políticos en diversos circuitos electorales, defendí públicamente, pero a capa y espada, la voluntad de don Roberto a promocionar el nombre de Francisco Sánchez Cárdenas, a costa de inmerecidos ataques al hijo de Omar. Hombre, si en efecto él creía que disminuyendo a Martín crecía a Pachi, esa era su prerrogativa y había que acatársela.
Por mi reiterada actitud pública, no pocos reclamos me gané. Algunas quejas provinieron de copartidarios muy apreciados por mí. Estando tan identificado, como estoy, con el proyecto -Martín-, a muchos les extrañaba que pidiera comprensión y tolerancia tanto para Morelos, como para los otros seguidores de elementos que aún sigo considerando muy valiosos, como son Mitchel Doens y “Pito” Lem. Por supuesto, no pocos llegaron hasta sospechar que mis preferencias estaban variando. Pero, por aquello no los culpo.
Lo cierto es que a lo interno del PRD, una y otra vez, di muestras amplias de mi mente abierta a la competencia de las ideas, y de mi más profundo respeto por los verdaderos procesos democráticos, procesos que pasan por el auténtico derecho de todos, a participar de acuerdo a lo que mejor consideren. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta es que luego de cumplido en forma transparente todo el debate electoral interno, continúe el torpedeo y el ataque infundado y sistemático contra Martín Torrijos.

Con la autoridad moral que me concede el haber peleado por su derecho a expresarse, hoy le afirmo a Morelos que eso sí que no lo vamos a tolerar.
Sencillamente porque es inaceptable que desde nuestras propias filas sea golpeado en forma inmisericorde quien ha recibido un mandato legítimo de más del 90% de quienes acudimos a las urnas el pasado 30 de marzo en las elecciones primarias presidenciales. ¡Eso sí que no, don Roberto!
Los enemigos que estén al frente, en la otra acera y dando la cara como adversarios. No como infames y solapados “caballos de Troya”, disfrazados dizque de torrijistas, pero dispuestos hipócritamente desde adentro del partido a lo que sea necesario con tal de lograr tanto el fracaso de nuestra organización política, como de nuestra principal oferta electoral.
Ni por un segundo olvidemos que Martín Torrijos ya dejó de ser el aspirante, para convertirse en propiedad, en el candidato formal de todos los perredistas a la Presidencia de la República en las elecciones generales de mayo del 2004. Reitero, de todos los perredistas. Así son de claras, y diáfanas, las reglas en democracia.
Se compite en igualdad de condiciones y oportunidades, pero una vez las mayorías expresan su voluntad, corresponde a las minorías respaldar la decisión adoptada. Con vehemencia, con la mayor lealtad y decisión posibles.
Desde su fundación, y así ha ocurrido en cada proceso en particular, el PRD luego de los escarceos normales por lograr esta o aquella postulación, cierra filas alrededor de quien resulte triunfador. Esta y no otra razón ha sido el sustento indiscutible de sus múltiples victorias.
Por lo anterior, exhorto a Morelos a reflexionar profundamente y a revisar detenidamente sus pasos. Es la hora de la unidad.
Llegó el momento de caminar como un solo haz de voluntades hasta alcanzar el Poder para servir a los más necesitados.
Lo que cabe ahora es montarse en el bote de la victoria, y remar todos en una sola dirección, que no es otra que el Palacio de las Garzas.
Lo contrario es igual a sabotear la gran esperanza de miles. Seguir serruchándole el piso al PRD, es colocarse del lado de los adversarios tradicionales que jamás reconocerán nuestras mejores cualidades.
Es formar parte de los resentidos de siempre, de los eternos amargados que sólo piensan en hacer el mal, por el mal mismo.
Y eso, muy sinceramente creo que no es el querer de “Pachi”, quien siempre se ha proyectado como un hombre de partido, fiel a sus principios perredistas.

101 años de Panamá América

 
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