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Yo amo a Panamá


Si le pregunto a usted, estimado lector: ¿Cree en Panama ? Me imagino que de salida su respuesta será emotivamente positiva. Pero si acto seguido le pregunto si estaría dispuesto a sacrificar algo de lo suyo por nuestro país, ¿seguiría todavía emotivamente positivo? Siendo más especifico, aclaro que no se trata de sacrificio económico como, por ejemplo, aguantarse las reformas fiscales que de alguna forma golpearán el nervio más sensitivo del ser humano, que es el bolsillo. Me refiero sólo a cambiar alguno de sus patrones de comportamiento, como eliminar la práctica del "juega vivo", o tal vez dejar de hablar mal del entorno y comenzar a defender con vehemencia a Panamá cuando nuestro país es criticado por compatriotas o extranjeros. Podría, incluso, proponerle que se tome la molestia de estudiar nuestras ventajas comparativas y los atractivos que ofrece el país (que son muchos) y que se convierta en vocero de nuestro gran potencial a través de sus opiniones en los medios de comunicación o vía Internet.
¿Estaría dispuesto a cambiar de su vocabulario la frase "Hay que hacer" por "Voy a hacer"? En otras palabras, ¿por nuestro país, modificaría de una forma positiva su patrón de comportamiento cotidiano? Si su respuesta es aún positiva, tenemos que comenzar de inmediato a construir lo que se denomina "Sentimiento Nacional" (no nacionalista) que se inicia por creer que las cosas van a mejorar, que vivimos en un país fuera de serie, que hay que confiar en nuestras instituciones democráticas; que aunque no nos guste el gobierno de turno, debemos hacer críticas constructivas, y que entre todos podemos lograr cambios importantes para el país. Debemos entender que no podemos esperar resultados positivos, si por un lado nos quejamos de todo y por el otro, seguimos haciendo las mismas cosas de la misma forma.
Todos conocemos ese símbolo internacional clásico, el corazón entre el pronombre "Yo" y el nombre del país que corresponde, si no sentimos algo justo allí en nuestro corazón, se convierte en sólo una frase que no significa nada.
Panamá tiene tanto más que ofrecer al turista, al jubilado, al inversionista, que la mayoría de los países del Continente, incluyendo Estados Unidos (EU). Pareciera que los panameños no estamos sintonizados en la misma frecuencia cuando se trata de vender una imagen positiva de nuestro país. Permanentemente nos estamos quejando de las mismas cosas, pero no hacemos nada por mejorarlas, que otro las haga y luego criticamos cuando no las hace como nosotros consideramos. Esa es una actitud que hay que cambiar, y como mencioné, no cuesta dinero; al contrario, cuando comencemos a hablar y actuar positivamente, nuevas oportunidades aparecerán por sí solas.
Conozco a muchos panameños promoviendo nuestro maravilloso terruño dentro y fuera de nuestras fronteras, pero su tarea se hace casi imposible con la ola (tsunami) de resentimientos políticos, críticas y desconfianza que diariamente invade nuestras ondas hertzianas, diarios, teléfonos y celulares. No realizamos el tiempo, la salud y la inversión que desperdiciamos promoviendo resentimientos, metiendo cizaña o dañando reputaciones.
Después de haber estado viviendo cinco años fuera de mi patria y de tener la oportunidad de conocer tantos lugares maravillosos en Europa y EU, aprendí lo que cuesta a tantos compatriotas aceptar, no hay ningún lugar para vivir mejor que Panamá. Me estoy uniendo a un grupo (no político) de gente que ama y cree en este país con el objeto de promover ese sentimiento de positivismo nacional que todos públicamente decimos tener, pero que con nuestras acciones lo ocultamos muy bien.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América