Yo no orquesté el golpe en Honduras
No es común que un embajador acuse públicamente a un ciudadano estadounidense de ser el “arquitecto” de un golpe de Estado en otro país. Pero eso pasó hace poco, cuando el embajador de Venezuela en la OEA, Roy Chadderton, me acusó de orquestar el derrocamiento del presidente hondureño Manuel Zelaya. ¿Qué llevaría a un diplomático a expresar esas falsedades?
Primero, debemos recordar que Chadderton es el enviado del gobernante venezolano Hugo Chávez, un teniente coronel que llegó al poder disimulando sus intenciones y lo mantiene mediante la intimidación.
Segundo, Chadderton no sólo representa a Chávez. Al hablar en una sesión de emergencia del Consejo Permanente de la OEA, Chadderton representó a un grupo de las naciones menos democráticas. Es un grupo inventado en La Habana, financiado con el petróleo venezolano, conocido como la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) al que Zelaya se unió y entre cuyos miembros están déspotas como los hermanos Castro, Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales y otros.
El gobierno venezolano lleva años diciendo que yo fui responsable del “golpe” contra Chávez en el 2002.
Chadderton me atacó porque he estado diciendo que Zelaya alienta la corrupción en Honduras. En abril, Zelaya anunció que me estaba demandando por “difamación”. Zelaya proclamó que estaba enviando a un equipo de ministros y a los asesores jurídicos del presidente a Estados Unidos para “demandar a Otto Reich”.
Todavía no he recibido notificación de una demanda, ni espero recibirla. No porque Zelaya ya no esté en el poder, sino porque la pregonada demanda fue una farsa.
Quizá cuando Zelaya supo que para demandar a un ciudadano de Estados Unidos debía renunciar a su inmunidad diplomática y testificar bajo juramento en un tribunal estadounidense, perdió el interés.
En el tribunal, a Zelaya le habrían preguntado por qué nombró a su sobrino, Marcelo Chimirri, gerente de la telefónica estatal, Hondutel. Unos $100 millones “desaparecieron” de la compañía tras la llegada de Chimirri. Aunque Zelaya lo protegió, un fiscal independiente nombrado por el Congreso hondureño acusó a Chimirri de malversación. Tras el derrocamiento de Zelaya, Chimirri fue arrestado.
Zelaya podría afrontar cargos mucho más serios que robo de mayor cuantía y abuso de poder. Su delito más reciente fue socavar la Constitución y desobedecer las leyes que juró defender. Con el consejo y el apoyo de Chávez, trató, sin éxito, de subvertir el proceso electoral para permanecer indefinidamente en la presidencia.
Si de verdad yo hubiera sido el “arquitecto” de la destitución de Zelaya, habría recomendado que lo acusaran de los casi 20 delitos de los que ahora el poder judicial de Honduras lo ha acusado, y que lo arrestaran autoridades civiles.
* Ocupó altos cargos en la Casa Blanca y el Departamento de Estado.
© www.aipenet.com