"Yo no soy Endara"
Comentaba hace unos días con unos amigos lo insólito que se está tornando el proceso electoral en cuanto a la abierta y autorizada -por el Tribunal Electoral- participación a toda hora y en todo lugar de la señora Presidenta en la campaña proselitista. La frase que uso como título de este artículo, ha sido usada ya varias veces por ella en un sentido que pareciera sinónimo de un delito electoral el hecho cierto, público y reconocido de que en las elecciones de 1994, el Presidente Endara no se metió ni metió a su gobierno en la campaña. Veamos algunas anécdotas personales.
El lunes 8 de febrero de 1994, temprano, llegué a la Presidencia de la República a reunirme con el Presidente. La razón de mi visita no era otra que presentarle formalmente mi renuncia como Ministro de Relaciones Exteriores, ya que el día anterior se había cerrado el período de postulaciones y yo había tomado la decisión de apoyar a Rubén Darío Carles como candidato a la Presidencia. El tiempo, con creces, me ha dado la razón, al igual que en 1999. Mi decisión obedecía al hecho simple de que la candidata de gobierno, por usar esa definición, era la hoy Presidenta y no me parecía correcto continuar participando de un gobierno cuya candidata yo no iba a apoyar. Además, mi amistad personal con el Presidente me obligaba por encima de todo a ser leal en mi actitud y liberarlo de una carga posterior frente a su partido. La negativa no se hizo esperar. Recuerdo que me dijo que aún nos hacía falta culminar algunas cosas importantes de la política exterior y que yo tenía que concluirlas, entre otras, el reingreso de Panamá al Grupo de Río, lo cual se logró en su mandato. Además me dijo, "tú eres Ministro de mi gobierno hasta el 31 de agosto" y mi gobierno no es el de Mireya Moscoso. Si ella gana, entonces nombrará a sus ministros", palabras más, palabras menos. La ministra Delia Cárdenas estaba en igual situación que yo y ambos nos quedamos en el Gabinete sin perturbación de ninguna especie, pues no podíamos participar en la campaña.
Posteriormente convocó a todo el gobierno al Teatro Nacional. La fecha no la recuerdo. El propósito de la convocatoria era traspasar el mando de la Policía Nacional al Tribunal Electoral, acción jamás realizada, a fin de que los magistrados tuvieran bajo su control las decisiones de la Policía para salvaguardar el orden durante todo el proceso. Además, se hizo el acto de juramentación de todo el gobierno en el cual juramos ante el país abstenernos de participar en la campaña durante nuestro tiempo de servicio público y nos comprometimos a honrar la palabra del Presidente en el sentido de que el gobierno sería imparcial, como en efecto lo fue. Si eso lo reciente hoy la mandataria al decirle al país que "ella no es Endara", entonces el retrato es de cuerpo entero en cuanto a la escala de valores éticos aplicados a la política.
Luego de las elecciones, me encontraba en Grecia y recibí una llamada del Presidente. En la misma me solicitaba mi anuencia para designarme Magistrado de la Sala Civil de la Corte Suprema. Decliné tan honrosa designación como Principal y le acepté ser Suplente de un gran jurista y experto en temas de casación civil, Rafael González, y fallecido a quien conocía desde niño por razón de cercanas amistades de familia en Chiriquí. Cuando regresé al país hablé con el Presidente y me comentó la fuerte oposición que tenía por el hecho de haber designado a González en la Corte, entre otras razones porque le decían que era su adversario y porque era comunista. En adición me comentó que él sabía de los méritos del hoy difunto Magistrado y que no iba aceptar la recomendación que le habían hecho del partido ya que la persona en cuestión-prominente figura hoy del gobierno-no reunía las características morales ni profesionales para ir a la Corte. Pasó el tiempo y a mi se me pasó por completo que mi nombramiento en la Corte requería de la ratificación legislativa en donde el gobierno nunca tuvo mayoría para nada. Algunos legisladores de gobierno me llamaron para decirme que cuándo iba a pasar por allá para pedirles el voto. Mi respuesta fue que nunca, ya que si llegaba a la Corte sería por méritos y no por compromisos y que me daba igual si votaban o no por mí. Bolívar Pariente, a la sazón miembro del Ejecutivo, si creo recordar bien, se dedicó, según me dijeron, a pedir el voto contra mí porque yo no había apoyado a Mireya Moscoso, cosa que era cierta como dije antes y de lo cual nunca me arrepentiré. En esos días le dije al Presidente que no le ocasionaría problemas en su partido y que pusiera a otro. Se disgustó mucho con Pariente y me reiteró en el nombramiento. A finales de agosto de ese año, ya saliendo del gobierno, me ratificó la Asamblea por un voto que creo que fue o de Mario Rognoni o de Alberto Alemán Boyd, ambos de oposición, contra una buena cantidad de votos del arnulfismo. Ejercí el cargo por poco más de un año y le renuncié al Presidente Pérez Balladares por razón de que los compromisos en nuestra firma de abogados me requerían a tiempo completo.
Breves anécdotas que reseñan muy bien la clase de persona y de amigo que es Guillermo Endara. Su honestidad probada es hoy su garantía de triunfo. Creo que lo que hoy se le endilga por parte de la Sra. Presidenta y que motiva el título de este artículo, lo distingue y lo honra. Si eso es una acción reprochable en el actual escenario electoral, reitero, retrata de cuerpo entero su escala de valores éticos y morales. Espero, eso sí, que no sufra la precaria institucionalidad que tenemos un duro revés ante tanta desmesura.
El lunes 8 de febrero de 1994, temprano, llegué a la Presidencia de la República a reunirme con el Presidente. La razón de mi visita no era otra que presentarle formalmente mi renuncia como Ministro de Relaciones Exteriores, ya que el día anterior se había cerrado el período de postulaciones y yo había tomado la decisión de apoyar a Rubén Darío Carles como candidato a la Presidencia. El tiempo, con creces, me ha dado la razón, al igual que en 1999. Mi decisión obedecía al hecho simple de que la candidata de gobierno, por usar esa definición, era la hoy Presidenta y no me parecía correcto continuar participando de un gobierno cuya candidata yo no iba a apoyar. Además, mi amistad personal con el Presidente me obligaba por encima de todo a ser leal en mi actitud y liberarlo de una carga posterior frente a su partido. La negativa no se hizo esperar. Recuerdo que me dijo que aún nos hacía falta culminar algunas cosas importantes de la política exterior y que yo tenía que concluirlas, entre otras, el reingreso de Panamá al Grupo de Río, lo cual se logró en su mandato. Además me dijo, "tú eres Ministro de mi gobierno hasta el 31 de agosto" y mi gobierno no es el de Mireya Moscoso. Si ella gana, entonces nombrará a sus ministros", palabras más, palabras menos. La ministra Delia Cárdenas estaba en igual situación que yo y ambos nos quedamos en el Gabinete sin perturbación de ninguna especie, pues no podíamos participar en la campaña.
Posteriormente convocó a todo el gobierno al Teatro Nacional. La fecha no la recuerdo. El propósito de la convocatoria era traspasar el mando de la Policía Nacional al Tribunal Electoral, acción jamás realizada, a fin de que los magistrados tuvieran bajo su control las decisiones de la Policía para salvaguardar el orden durante todo el proceso. Además, se hizo el acto de juramentación de todo el gobierno en el cual juramos ante el país abstenernos de participar en la campaña durante nuestro tiempo de servicio público y nos comprometimos a honrar la palabra del Presidente en el sentido de que el gobierno sería imparcial, como en efecto lo fue. Si eso lo reciente hoy la mandataria al decirle al país que "ella no es Endara", entonces el retrato es de cuerpo entero en cuanto a la escala de valores éticos aplicados a la política.
Luego de las elecciones, me encontraba en Grecia y recibí una llamada del Presidente. En la misma me solicitaba mi anuencia para designarme Magistrado de la Sala Civil de la Corte Suprema. Decliné tan honrosa designación como Principal y le acepté ser Suplente de un gran jurista y experto en temas de casación civil, Rafael González, y fallecido a quien conocía desde niño por razón de cercanas amistades de familia en Chiriquí. Cuando regresé al país hablé con el Presidente y me comentó la fuerte oposición que tenía por el hecho de haber designado a González en la Corte, entre otras razones porque le decían que era su adversario y porque era comunista. En adición me comentó que él sabía de los méritos del hoy difunto Magistrado y que no iba aceptar la recomendación que le habían hecho del partido ya que la persona en cuestión-prominente figura hoy del gobierno-no reunía las características morales ni profesionales para ir a la Corte. Pasó el tiempo y a mi se me pasó por completo que mi nombramiento en la Corte requería de la ratificación legislativa en donde el gobierno nunca tuvo mayoría para nada. Algunos legisladores de gobierno me llamaron para decirme que cuándo iba a pasar por allá para pedirles el voto. Mi respuesta fue que nunca, ya que si llegaba a la Corte sería por méritos y no por compromisos y que me daba igual si votaban o no por mí. Bolívar Pariente, a la sazón miembro del Ejecutivo, si creo recordar bien, se dedicó, según me dijeron, a pedir el voto contra mí porque yo no había apoyado a Mireya Moscoso, cosa que era cierta como dije antes y de lo cual nunca me arrepentiré. En esos días le dije al Presidente que no le ocasionaría problemas en su partido y que pusiera a otro. Se disgustó mucho con Pariente y me reiteró en el nombramiento. A finales de agosto de ese año, ya saliendo del gobierno, me ratificó la Asamblea por un voto que creo que fue o de Mario Rognoni o de Alberto Alemán Boyd, ambos de oposición, contra una buena cantidad de votos del arnulfismo. Ejercí el cargo por poco más de un año y le renuncié al Presidente Pérez Balladares por razón de que los compromisos en nuestra firma de abogados me requerían a tiempo completo.
Breves anécdotas que reseñan muy bien la clase de persona y de amigo que es Guillermo Endara. Su honestidad probada es hoy su garantía de triunfo. Creo que lo que hoy se le endilga por parte de la Sra. Presidenta y que motiva el título de este artículo, lo distingue y lo honra. Si eso es una acción reprochable en el actual escenario electoral, reitero, retrata de cuerpo entero su escala de valores éticos y morales. Espero, eso sí, que no sufra la precaria institucionalidad que tenemos un duro revés ante tanta desmesura.