Yo sigo al Jesús maestro (I)
Nuestra sociedad, el mundo gobernado por el príncipe de las tinieblas, nos ha programado para vivir apegados al dinero, al triunfo, a la fama, al placer, al pensar solo en uno mismo y a devolver la ofensa pero multiplicada. Este mundo nos obliga a vivir en castas, a creernos a unos superiores de otros.
Jesús, el de ayer, hoy y siempre vino a desprogramarnos. El dedicó su vida pública, entre otras cosas, a desprogramar a una sociedad, a un pueblo que se creía único, elegido por encima de todos y que basaba eso en promesas de Dios, pero olvidando que el Creador tenía un plan para toda la humanidad y que abrirse a "los gentiles" era voluntad de quien era Padre de todos. Hoy nos dice lo mismo, que no hay pueblo favorecido por El por encima de otros, sino que todos somos su gran familia, adoptados como hijos gracias a la muerte y resurrección de Jesús.
Cristo, el Mesías, vino a decirnos que El es más grande que el templo, que la ley y a darnos una manera nueva de ver las cosas. El camino que nos enseñó está resumido en las bienaventuranzas y es el estrecho, el del amor perfecto. Es el morir, como el grano de trigo, para resucitar… es el del morir al yo. Desprogramó a Pedro y a los otros pescadores…a Mateo y a Saqueo, a María Magdalena, al Buen Ladrón. Luchó contra un sistema religioso y político que estaba instalado, intentando desprogramarlo, desacralizándolo, para que aceptara que había un Dios por encima de ellos. Fracasó en su intento. Hoy, el Señor quiere que sigamos ese camino como Iglesia, para que nosotros, y todas las religiones y culturas, sepamos que hay un Dios que es el Señor y y debe regir todas las estructuras humanas. Tenemos ejemplos de grandes des-programadores o reformadores como Pablo, Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, el Santo Padre Pío, y otros muchos.
(Sigue próximo sábado).