Yugoslavia: ¿una guerra buena?
Fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation
Washington /AIPE.- Hace 82 años, Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial con el fin de promover la democracia y acabar con las guerras europeas. La intervención estadounidense fue un cambio radical de la política exterior diseñada por nuestros próceres, quienes pensaban que Estados Unidos debía mostrar al mundo el camino de libertad, paz y prosperidad, sin entrometerse en los asuntos europeos.
Hasta los más ardientes defensores de la intervención extranjera conceden que la Primera Guerra Mundial fue un atroz desperdicio de vidas.
Los resultados de la Gran Guerra fueron totalmente opuestos a las buenas intenciones originales. El caos de la guerra, la devastación de Alemania y el Tratado de Versalles le abrieron el camino a Adolfo Hitler, al nazismo, a la Rusia comunista y, poco después, a la Segunda Guerra Mundial.
Tanto los demócratas como los republicanos se refieren a la Segunda Guerra como la "guerra buena" porque murió Hitler y el ejército nazi fue vencido. Pero rara vez se mencionan las consecuencias nefastas de esa guerra. El motivo por el cual Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania fue para proteger a Polonia del totalitarismo. Sin embargo, al final de la guerra, toda la Europa Oriental, incluyendo a Polonia, quedó bajo la cruel bota de Stalin. ¿Acaso fue mejor para los países del este de Europa sufrir la dictadura de Stalin y de los comunistas que la de Hitler y los nazis?
Nos dicen que la Segunda Guerra Mundial fue para salvar a los judíos del Holocausto. Pero murieron seis millones de judíos en las cámaras de gas. Y la "preocupación" del gobierno estadounidense fue fraudulenta porque impidió a muchos judíos alemanes emigrar a Estados Unidos para salvar la vida.
Una de las peores consecuencias de esas guerras ha sido la transformación de Estados Unidos en un super poder bélico que asume la responsabilidad del bienestar del mundial, a través de una guerra perpetua por la paz: en Corea, en Vietnam, en Granada, en Panamá, en Somalia, en el Golfo Pérsico, y en un sinnúmero de intervenciones militares clandestinas alrededor del mundo.
El bombardeo de Serbia representa la culminación de esta funesta política de guerra por el bienestar mundial e ilustra el grado de depravación política y moral en que ha caído la política de Estados Unidos.
No se trata de que algún dictador maltrata a sus conciudadanos.
Eso lo han hecho siempre los dictadores a lo largo de la historia de la humanidad. La cuestión es, más bien, ¿con qué fundamento moral o constitucional el presidente de Estados Unidos ataca a otros países para imponer la forma en que los ciudadanos de esos países deben ser tratados?
La decisión de levantarse en armas contra la tiranía y el totalitarismo le incumbe sólo al pueblo que sufre bajo esa dictadura. Son ellos, y no los gobiernos extranjeros, quienes deben decidir si la opresión que sufren vale el riesgo de librar un conflicto armado contra sus dirigentes. No es el papel de Estados Unidos ser el policía del mundo.
¿Dónde y cómo terminará todo esto? ¿Tienen ciertos gobiernos el derecho a intervenir militarmente para remediar los actos tiránicos de otros gobiernos? ¿Qué pensarían los norteamericanos si China o Rusia bombardea nuestras ciudades para salvarnos de otra matanza como las de Waco y Ruby Ridge o bien para impedir las incesantes violaciones federales de la autonomía de los estados de la unión?
Bajo el régimen del estado de guerra por el bienestar mundial, el presidente ejerce un poder omnipotente sin siquiera la apariencia de una declaración formal de guerra por parte del Congreso. Durante toda la Historia, los dictadores han anhelado tener tal poder. Hasta Hitler soñaba con ser tan poderoso.
El gobierno de Estados Unidos declara que los bombardeos son para proteger a los refugiados kosovares. Si es verdad, ¿porqué no se les permite inmigrar libremente a Estados Unidos? Si el gobierno estadounidense de veras se preocupa tanto por el sufrimiento de la gente bajo tiranos aborrecibles, ¿por qué siguen repatriando a los balseros cubanos que intentan escaparse de la tiranía fidelista?
Estados Unidos nació como república constitucional de poderes limitados y el resultado fue un brillante faro de esperanza para el mundo entero. Ha llegado el momento de revivir esa visión, de traer a las tropas de vuelta a casa y de desmantelar la maquinaria de "la guerra por el bienestar" que tanta miseria y destrucción causa alrededor del mundo.
Washington /AIPE.- Hace 82 años, Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial con el fin de promover la democracia y acabar con las guerras europeas. La intervención estadounidense fue un cambio radical de la política exterior diseñada por nuestros próceres, quienes pensaban que Estados Unidos debía mostrar al mundo el camino de libertad, paz y prosperidad, sin entrometerse en los asuntos europeos.
Hasta los más ardientes defensores de la intervención extranjera conceden que la Primera Guerra Mundial fue un atroz desperdicio de vidas.
Los resultados de la Gran Guerra fueron totalmente opuestos a las buenas intenciones originales. El caos de la guerra, la devastación de Alemania y el Tratado de Versalles le abrieron el camino a Adolfo Hitler, al nazismo, a la Rusia comunista y, poco después, a la Segunda Guerra Mundial.
Tanto los demócratas como los republicanos se refieren a la Segunda Guerra como la "guerra buena" porque murió Hitler y el ejército nazi fue vencido. Pero rara vez se mencionan las consecuencias nefastas de esa guerra. El motivo por el cual Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania fue para proteger a Polonia del totalitarismo. Sin embargo, al final de la guerra, toda la Europa Oriental, incluyendo a Polonia, quedó bajo la cruel bota de Stalin. ¿Acaso fue mejor para los países del este de Europa sufrir la dictadura de Stalin y de los comunistas que la de Hitler y los nazis?
Nos dicen que la Segunda Guerra Mundial fue para salvar a los judíos del Holocausto. Pero murieron seis millones de judíos en las cámaras de gas. Y la "preocupación" del gobierno estadounidense fue fraudulenta porque impidió a muchos judíos alemanes emigrar a Estados Unidos para salvar la vida.
Una de las peores consecuencias de esas guerras ha sido la transformación de Estados Unidos en un super poder bélico que asume la responsabilidad del bienestar del mundial, a través de una guerra perpetua por la paz: en Corea, en Vietnam, en Granada, en Panamá, en Somalia, en el Golfo Pérsico, y en un sinnúmero de intervenciones militares clandestinas alrededor del mundo.
El bombardeo de Serbia representa la culminación de esta funesta política de guerra por el bienestar mundial e ilustra el grado de depravación política y moral en que ha caído la política de Estados Unidos.
No se trata de que algún dictador maltrata a sus conciudadanos.
Eso lo han hecho siempre los dictadores a lo largo de la historia de la humanidad. La cuestión es, más bien, ¿con qué fundamento moral o constitucional el presidente de Estados Unidos ataca a otros países para imponer la forma en que los ciudadanos de esos países deben ser tratados?
La decisión de levantarse en armas contra la tiranía y el totalitarismo le incumbe sólo al pueblo que sufre bajo esa dictadura. Son ellos, y no los gobiernos extranjeros, quienes deben decidir si la opresión que sufren vale el riesgo de librar un conflicto armado contra sus dirigentes. No es el papel de Estados Unidos ser el policía del mundo.
¿Dónde y cómo terminará todo esto? ¿Tienen ciertos gobiernos el derecho a intervenir militarmente para remediar los actos tiránicos de otros gobiernos? ¿Qué pensarían los norteamericanos si China o Rusia bombardea nuestras ciudades para salvarnos de otra matanza como las de Waco y Ruby Ridge o bien para impedir las incesantes violaciones federales de la autonomía de los estados de la unión?
Bajo el régimen del estado de guerra por el bienestar mundial, el presidente ejerce un poder omnipotente sin siquiera la apariencia de una declaración formal de guerra por parte del Congreso. Durante toda la Historia, los dictadores han anhelado tener tal poder. Hasta Hitler soñaba con ser tan poderoso.
El gobierno de Estados Unidos declara que los bombardeos son para proteger a los refugiados kosovares. Si es verdad, ¿porqué no se les permite inmigrar libremente a Estados Unidos? Si el gobierno estadounidense de veras se preocupa tanto por el sufrimiento de la gente bajo tiranos aborrecibles, ¿por qué siguen repatriando a los balseros cubanos que intentan escaparse de la tiranía fidelista?
Estados Unidos nació como república constitucional de poderes limitados y el resultado fue un brillante faro de esperanza para el mundo entero. Ha llegado el momento de revivir esa visión, de traer a las tropas de vuelta a casa y de desmantelar la maquinaria de "la guerra por el bienestar" que tanta miseria y destrucción causa alrededor del mundo.