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Zafarrancho en elecciones


En el folklore local, el comportamiento ciudadano revela que las elecciones generales son el espacio más adecuado para expresar demandas. Así ha sido casi siempre; cada quien quiere verse materializado en los programas respectivos. Convencidos de que ese es el instante de debilidad de los políticos, los electores sacan el lápiz, afinan las gargantas, paralizan los trabajos y ocupan las calles. Es como estar en carnaval, para cada día hay un vestuario, y para cada ritmo, un paso.

Lo que pasa por estos días, sin embargo, parece exceder las predicciones. Postergadas las viejas aspiraciones y organizados en gremios, no pasa un día sin que aparezca una huelga, una calle bloqueada o, en grado extremo, un enfrentamiento con los antimotines. En su mayoría se trata de reivindicaciones salariales, varias de éstas prometidas con anticipación, incumplidas hasta ahora por las autoridades o aparecidas al calor de las elecciones. La gente puede reclamar, pero las autoridades pueden cumplir o no.

La historia reciente de los jubilados y pensionados, demuestra, por ejemplo, que al final se cumplió, pero antes transcurrió un tiempo de incomprensible dilatación. Mientras tanto se sucedieron bloqueos de vías, tranques molestosos y noticias alarmistas. Con un escenario así no resulta casual la irritabilidad de los conductores, la decepción de los electores y el incremento de las críticas a todo lo que signifique oficialismo. Parece que hasta el 3 de mayo tendremos un zafarrancho en tiempo de elecciones.

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