Zapatero, ¡qué mal zapateas!
" No te fíes del sol de la mañana, ni de la sonrisa de tu suegra". (Proverbio japonés). En ocasión de la visita del Obispo de la Habana, a Miami, la cual se dio hace unos pocos años, un comentarista de la televisión llamó la atención acerca de la perpetua sonrisa del prelado, una tan amplísima que no venía a lugar, ni había circunstancias con qué justificarla y mucho menos su perennidad. Pero era una sonrisa bobalicona, inexplicable, casi incongruente, pero presente y peligrosamente contagiosa por lo que se pudo percibir en varios de los burócratas y acompañantes.
¿A qué viene esa reminiscencia? A otra sonrisa con algunas de las mismas características de la ya mencionada, pero con la peculiaridad de que ésta sí puede que tenga una explicación, y es que el dueño de ésta, es el señor Rodríguez Zapatero, sorprendido ganador de las últimas elecciones nacionales españolas.
El mencionado señor se sabía desbordado por la actuación gubernamental eficiente y honesta del gobierno presidido por el señor Aznar, así como por la dimensión en el plano internacional proyectada por España. Probablemente ya había, discretamente por supuesto, reservado el lugar donde tomaría una vacaciones y descansaría.
En el ínterin, se pudo dar el lujo de hacer una campaña prometiendo el oro y hasta dejar tranquilo al moro, puesto que nadie podría reclamarle el cumplimiento de estas fosforescencias electorales, por las hasta ese momento correlaciones numéricas electorales.
Sin embargo, al señor Zapatero, al mejor estilo bogotano, "de pronto se le apareció la virgen", aunque en este caso la sorpresa fue diabólica, cruel, canalla, criminal. Algunos españoles reaccionaron como "comedores de spaghetti", sarcástica metáfora muy utilizada en la Segunda Guerra Mundial, ya que mutaron su opción electoral zapateando con mucho ruido para ocultar los latidos del dilema que paralizaron al país.
De la forma que sea, los terroristas también tuvieron su momento de agradable sorpresa al contemplar perplejos en la televisión, que el señor Zapatero "a las buenas entiende", y lo que es mejor aún, da un poco más de lo que explicita o tácitamente se le pide. Su inmediato y prioritario anuncio de que las tropas españolas serán retiradas (con fecha y todo, adobado con el condicionamiento de la ONU), a más de un tropezón claudicante envió un retorcido mensaje al terrorismo, del que sus implicaciones y sus dualidades interpretativas, el propio señor Zapatero no está plenamente consciente.
Curándose en salud y proyectándose subjetivamente, él dice que: "acepta todos los argumentos con los que se quieran especular los resultados electorales, pero niega la cobardía", con lo que haciendo mención, reitera lo que pretende refutar. Todo esto cobijado bajo su acentuada sonrisa, que da la impresión de que, en el fondo, se está riendo de él mismo, dado el inesperado giro del proceso electoral, por las razones que toda España y y el mundo saben.
De la forma que sea, viendo la sonrisa combinada con el dedo pulgar, el cual pone en alto en original posición vertical, con mensaje de señal de algo hasta ahora indefinido, pero que probablemente siente pautas de identidad entre afines. Todo esto me hace recordar la sentencia de Albert Camus, premio Nobel, quien pontificó que: "Después de los cuarenta años, todo hombre es responsable de su expresión facial". Me atrevería agregar, y también de su sonrisa y de su pulgar, dedo que ha adquirido, gracias a Zapatero, una nueva dimensión expresiva....a más de un tropezón claudicante envió un retorcido mensaje al terrorismo, del que sus implicaciones y sus dualidades interpretativas, el propio señor Zapatero no está plenamente consciente.
¿A qué viene esa reminiscencia? A otra sonrisa con algunas de las mismas características de la ya mencionada, pero con la peculiaridad de que ésta sí puede que tenga una explicación, y es que el dueño de ésta, es el señor Rodríguez Zapatero, sorprendido ganador de las últimas elecciones nacionales españolas.
El mencionado señor se sabía desbordado por la actuación gubernamental eficiente y honesta del gobierno presidido por el señor Aznar, así como por la dimensión en el plano internacional proyectada por España. Probablemente ya había, discretamente por supuesto, reservado el lugar donde tomaría una vacaciones y descansaría.
En el ínterin, se pudo dar el lujo de hacer una campaña prometiendo el oro y hasta dejar tranquilo al moro, puesto que nadie podría reclamarle el cumplimiento de estas fosforescencias electorales, por las hasta ese momento correlaciones numéricas electorales.
Sin embargo, al señor Zapatero, al mejor estilo bogotano, "de pronto se le apareció la virgen", aunque en este caso la sorpresa fue diabólica, cruel, canalla, criminal. Algunos españoles reaccionaron como "comedores de spaghetti", sarcástica metáfora muy utilizada en la Segunda Guerra Mundial, ya que mutaron su opción electoral zapateando con mucho ruido para ocultar los latidos del dilema que paralizaron al país.
De la forma que sea, los terroristas también tuvieron su momento de agradable sorpresa al contemplar perplejos en la televisión, que el señor Zapatero "a las buenas entiende", y lo que es mejor aún, da un poco más de lo que explicita o tácitamente se le pide. Su inmediato y prioritario anuncio de que las tropas españolas serán retiradas (con fecha y todo, adobado con el condicionamiento de la ONU), a más de un tropezón claudicante envió un retorcido mensaje al terrorismo, del que sus implicaciones y sus dualidades interpretativas, el propio señor Zapatero no está plenamente consciente.
Curándose en salud y proyectándose subjetivamente, él dice que: "acepta todos los argumentos con los que se quieran especular los resultados electorales, pero niega la cobardía", con lo que haciendo mención, reitera lo que pretende refutar. Todo esto cobijado bajo su acentuada sonrisa, que da la impresión de que, en el fondo, se está riendo de él mismo, dado el inesperado giro del proceso electoral, por las razones que toda España y y el mundo saben.
De la forma que sea, viendo la sonrisa combinada con el dedo pulgar, el cual pone en alto en original posición vertical, con mensaje de señal de algo hasta ahora indefinido, pero que probablemente siente pautas de identidad entre afines. Todo esto me hace recordar la sentencia de Albert Camus, premio Nobel, quien pontificó que: "Después de los cuarenta años, todo hombre es responsable de su expresión facial". Me atrevería agregar, y también de su sonrisa y de su pulgar, dedo que ha adquirido, gracias a Zapatero, una nueva dimensión expresiva....a más de un tropezón claudicante envió un retorcido mensaje al terrorismo, del que sus implicaciones y sus dualidades interpretativas, el propio señor Zapatero no está plenamente consciente.