Zapatero a tus zapatos
Cuando hace unos días el señor Canciller de la República fue abordado por una periodista de una emisora de radio para que expresara cuál había sido, en su opinión, el logro más significativo alcanzado durante los cinco años de gobierno en el ámbito de la política internacional. El Ministro, para sorpresa de quienes lo escuchábamos, no vaciló en responder que lo principal en esa materia fue haber obtenido ayuda financiera de la Unión Europea para instalar, en un número plural de escuelas y centros de salud del interior, paneles solares, a fin de dotar de energía eléctrica a los establecimientos de ese tipo en donde existe carencia de ella.
Por supuesto, sin restarle importancia a lo obtenido en el rubro mencionado (pues toda mejora a las condiciones como se brindan los servicios de educación y de salud merece aplausos y complacencia) no deja de llamar la atención el hecho de que sea el Ministerio de Relaciones Exteriores, en vez del de Educación o el de Salud, quien reclame y ponga por delante, como máximo galardón, lo de los paneles destinados a generar la bendita energía eléctrica.
Para cualquier observador atento resulta patente la falta de coherencia al atribuirle ese presunto logro internacional a la cancillería. Ni siquiera como parte de la indispensable coordinación entre los distintos órganos y entidades de la administración pública podría lo mencionado calificar como un gran avance en el terreno de las relaciones internacionales a cargo del ente rector de esas actividades.
Como se prefiera mirar, por donde se le juzgue, el asunto de los paneles solares ponderado por el Canciller, pertenecen al ámbito de los programas de educación y de salud, que no a los típicos de nuestras relaciones con otros Estados o con la comunidad internacional.
Para hablar con propiedad de avances en el orden de la política internacional cabría hacerlo, si en efecto se dieron, de aportes notables en cuestiones tales como la sede de la presidencia de ALCA, la limpieza de los polígonos de tiro abandonados por los norteamericanos, la exclusión de Panamá de las tantas listas negras en donde aparece, la conformación de un cuerpo diplomático y consular idóneo y competente e incluso de la celebración y concertación de tratados de libre comercio realmente ventajosos para la República.
En cambio, colocar como logro principal de la Cancillería la instalación de paneles solares en las escuelas no suena lógico y esa referencia no puede tener otra explicación que la siguiente: o no se logró nada de verdadera importancia o las autoridades se enredaron y perdieron el tiempo en asuntos bastante ajenos a los de su estricta incumbencia.
Para mayor infortunio todo induce a pensar que ambas cosas ocurrieron durante estos últimos cinco años, no solamente en la Cancillería sino también en el resto de la administración publica. De lo contrario nadie entendería, por ejemplo, porqué razón, con propósitos exclusivamente publicitarios, se puso tanto empeño en divulgar la creación de las famosas granjas autosostenibles (se anunció el establecimiento de tres mil en cinco años y en realidad no llegaron ni a 300), mientras el Ministerio de Desarrollo Agropecuario se desentendía de los graves problemas de su competencia.
O porqué, con el cuento de los caminos de penetración (tampoco construidos), se abandonó el desarrollo, la construcción y el mantenimiento de la red vial del país y de las calles en las zonas urbanas, al punto de que en ese aspecto las cosas parecen estar al borde del colapso.
A estas alturas, en vísperas del cambio de gobierno, harían bien las nuevas autoridades en tomar nota de esas experiencias, pues desde el principio se necesitará acabar con el desorden, si se desea impedir la repetición de ineficientes despilfarros y, muy importante, evitar ciertas ridiculeces que sólo sirven para acentuar nuestra condición de país tercermundista.
Para empezar hacer las cosas como se debe, además de trabajar muy duro, cada parcela de poder ha de asumir la tarea que estrictamente le corresponde. Una conducta tal no es imposible.
Cuando se preparó el programa de gobierno ofertado durante la campaña electoral, las fuerzas políticas agrupadas en Patria Nueva tuvieron el acierto de poner en manos de equipos especializados y capaces el estudio de los problemas nacionales, así como el de las respuestas requeridas.
Con criterio y métodos similares, el nuevo gobierno debería asumir la difícil tarea de conducir el país; cada cual en su puesto, dando la cara a sus propias responsabilidades; no vaya a ser que al final, si se le pregunta al Canciller cuál fue la obra más importante llevada a cabo bajo su administración, nos salga con que ésta ha sido la construcción de 200 pozos artesianos
* El autor fue Rector de la Universidad de Panamá.
Por supuesto, sin restarle importancia a lo obtenido en el rubro mencionado (pues toda mejora a las condiciones como se brindan los servicios de educación y de salud merece aplausos y complacencia) no deja de llamar la atención el hecho de que sea el Ministerio de Relaciones Exteriores, en vez del de Educación o el de Salud, quien reclame y ponga por delante, como máximo galardón, lo de los paneles destinados a generar la bendita energía eléctrica.
Para cualquier observador atento resulta patente la falta de coherencia al atribuirle ese presunto logro internacional a la cancillería. Ni siquiera como parte de la indispensable coordinación entre los distintos órganos y entidades de la administración pública podría lo mencionado calificar como un gran avance en el terreno de las relaciones internacionales a cargo del ente rector de esas actividades.
Como se prefiera mirar, por donde se le juzgue, el asunto de los paneles solares ponderado por el Canciller, pertenecen al ámbito de los programas de educación y de salud, que no a los típicos de nuestras relaciones con otros Estados o con la comunidad internacional.
Para hablar con propiedad de avances en el orden de la política internacional cabría hacerlo, si en efecto se dieron, de aportes notables en cuestiones tales como la sede de la presidencia de ALCA, la limpieza de los polígonos de tiro abandonados por los norteamericanos, la exclusión de Panamá de las tantas listas negras en donde aparece, la conformación de un cuerpo diplomático y consular idóneo y competente e incluso de la celebración y concertación de tratados de libre comercio realmente ventajosos para la República.
En cambio, colocar como logro principal de la Cancillería la instalación de paneles solares en las escuelas no suena lógico y esa referencia no puede tener otra explicación que la siguiente: o no se logró nada de verdadera importancia o las autoridades se enredaron y perdieron el tiempo en asuntos bastante ajenos a los de su estricta incumbencia.
Para mayor infortunio todo induce a pensar que ambas cosas ocurrieron durante estos últimos cinco años, no solamente en la Cancillería sino también en el resto de la administración publica. De lo contrario nadie entendería, por ejemplo, porqué razón, con propósitos exclusivamente publicitarios, se puso tanto empeño en divulgar la creación de las famosas granjas autosostenibles (se anunció el establecimiento de tres mil en cinco años y en realidad no llegaron ni a 300), mientras el Ministerio de Desarrollo Agropecuario se desentendía de los graves problemas de su competencia.
O porqué, con el cuento de los caminos de penetración (tampoco construidos), se abandonó el desarrollo, la construcción y el mantenimiento de la red vial del país y de las calles en las zonas urbanas, al punto de que en ese aspecto las cosas parecen estar al borde del colapso.
A estas alturas, en vísperas del cambio de gobierno, harían bien las nuevas autoridades en tomar nota de esas experiencias, pues desde el principio se necesitará acabar con el desorden, si se desea impedir la repetición de ineficientes despilfarros y, muy importante, evitar ciertas ridiculeces que sólo sirven para acentuar nuestra condición de país tercermundista.
Para empezar hacer las cosas como se debe, además de trabajar muy duro, cada parcela de poder ha de asumir la tarea que estrictamente le corresponde. Una conducta tal no es imposible.
Cuando se preparó el programa de gobierno ofertado durante la campaña electoral, las fuerzas políticas agrupadas en Patria Nueva tuvieron el acierto de poner en manos de equipos especializados y capaces el estudio de los problemas nacionales, así como el de las respuestas requeridas.
Con criterio y métodos similares, el nuevo gobierno debería asumir la difícil tarea de conducir el país; cada cual en su puesto, dando la cara a sus propias responsabilidades; no vaya a ser que al final, si se le pregunta al Canciller cuál fue la obra más importante llevada a cabo bajo su administración, nos salga con que ésta ha sido la construcción de 200 pozos artesianos
* El autor fue Rector de la Universidad de Panamá.