Una vez más, el Istmo se apresta a cumplir con una función que parece ser su destino manifiesto: poner a la disposición de América y del mundo, su territorio, aprovechando su casi mítica posición geográfica, a fin de buscar en conjunto los caminos consensuados para mover la rueda del progreso de las naciones.
A partir del viernes, Panamá es protagonista y sirve de sede para la celebración de la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que culminará con una declaración conjunta de 21 jefes de Estado y de Gobierno y del Rey de España, el próximo 18 de noviembre.
Hace 44 años, le correspondió desempeñar el mismo papel. Diecinueve presidentes en funciones y electos se reunieron en Panamá en julio de 1956.
Esa cumbre, que fue la primera del hemisferio, se celebró en Panamá los días 21 y 22 de julio, con el propósito de conmemorar los 130 años de la celebración del Congreso Anfictiónico, convocado por Simón Bolívar en 1826.
Los actos conmemorativos se iniciaron, sin embargo, el día 18 de julio, con la inauguración de las sesiones del Consejo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), con la participación de los embajadores miembros de esta organización.
Once, de los 19 dignatarios que asistieron a la reunión de los jefes de Estado de América, eran militares. América vivía una época distinta a la de hoy. Quizás esa magna actividad fue el inicio del robustecimiento de la democracia americana.
Fueron dos importantes actividades, de las que Panamá fue sede y protagonista, por cuanto fue una iniciativa del entonces presidente panameño Ricardo Arias Espinosa, aprovechando la coyuntura de que el Consejo de la Organización de los Estados Americanos acordó el 2 de mayo de 1956, conmemorar en Panamá el 130 aniversario del Congreso de 1826.
El escenario fue el mismo que utilizó Simón Bolívar en el siglo XIX: la Sala Capitular del antiguo Convento de San Francisco, el Salón Bolivariano, que luego fue el Colegio San Agustín y más recientemente el Instituto Bolívar. Algunos de los actos se celebraron en la Presidencia de la República y en el antiguo Club Unión.
Los miembros de la OEA también celebraron reuniones en el Salón Bella Vista del Hotel El Panamá, debido al reducido espacio del salón Bolivariano.
Los jefes de Estado llegaron a Panamá el 20 de julio, a últimas horas del día. Cabe destacar que cuatro de ellos eran presidentes electos, que asistieron en representación del presidente en funciones. Tal fue el caso de Bolivia, El Salvador, Panamá y Perú.
El único país que participó con su presidente en funciones y el electo fue Panamá.
El 21 hicieron una visita de cortesía al presidente panameño Ricardo M. Arias Espinosa, ocasión en que se celebró una sesión informal en el Palacio Presidencial.
La tarde de ese día, la Sociedad Bolivariana de Panamá celebró una sesión en el Salón Bolívar, con la participación de los miembros del Consejo de la OEA.
Durante la noche, el presidente Arias Espinosa impuso a los jefes de Estado la condecoración del Collar de la Orden Nacional Manuel Amador Guerrero.
Según documentos de aquella época, el punto cumbre del programa fue la sesión solemne celebrada el 22 de julio en el Salón Bolívar en la que participaron los jefes de Estado americanos y que culminó con la firma de la Declaración de Panamá.
Curiosamente, después de aquella reunión, con el correr de los años, las democracias se fueron instaurando en América, y así fueron derrocados varios de los militares que asistieron en aquella ocasión a Panamá: los presidentes de Haití, de Cuba, de Venezuela, República Dominicana, Chile y de Paraguay.
Otros, como los de Guatemala y Nicaragua, fueron asesinados.
A juicio del hijo del presidente Arias Espinosa, el ex canciller Ricardo Alberto Arias, que entonces tenía 16 años, esa reunión de jefes de Estado americanos, fortaleció el sistema interamericano y permitió que Panamá ratificara su función como país clave dentro del proceso americanista, cumpliendo los designios de Bolívar.
ORGANIZACION
El coordinador general de la cumbre del 56 fue el abogado, ex canciller y ex embajador de Panamá, Miguel Moreno, quien entonces fungía como asesor legal del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El presidente de la comisión organizadora fue el canciller Alberto Boyd, quien estuvo acompañado por Octavio Fábrega (ex director de