PROBLEMAS**La presidenta Moscoso, ahogada en un mar de problemas, dice que no tiene una varita mágica para solucionarlos. Tiene razón, pero sólo en parte, pues hay muchos otros asuntos que dependen de su decisión y que admiten inmediata solución. Por ejemplo, dar al Tribunal Electoral el dinero suficiente para garantizar un torneo electoral limpio, es cosa que ella puede arreglar con tan sólo una llamada. Pero no sabemos qué persigue, tardando tanto.
PODER**Otro lío está en su partido. Víctor Juliao, hasta ayer su colaborador predilecto, denuncia que el dedo supremo le está volteando los convencionales. Y aunque insiste en que ganará, ¿qué necesidad tiene la mandataria de ganarse un enemigo presidenciable, y exponerse a un juicio electoral durante lo que le queda de mandato, cuando su fuerza no es la misma que le permitió nombrar magistrados, aprobar el CEMIS y condonar obligaciones portuarias?
IMPUNIDAD**Igual ocurre con su polémica con el procurador Sossa. ¿Cómo pretende que éste dé nombre de corruptos si ella vetó la ley que le permitía investigar de oficio los peculados? Al final, se impuso el criterio que hace imposible adelantar pesquisa alguna sobre corrupción sin una denuncia que acompañe prueba sumaria. Y, para cuadrar el círculo, convirtió en caricatura la Ley de Transparencia, al requerir por decreto "interés de parte" para recibir información.