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Artritis reumatoide tiene niña chitreana

La ARJ es una enfermedad que se caracteriza por inflamación y rígidez de las articulaciones, lo que se mantiene hasta por seis semanas.


Larissa era una niña inquieta, muy hábil, juguetona y traviesa. En todos lados se quería subir. A los dos años aprendió a manejar bicicleta. Pero a la edad de dos años y nueve meses, empezó a padecer fiebres altas.
Todos los días la niña sufría por la fiebre, sus padres Graciela y Marcelino Ruiz, acudieron con su hija al médico, le dieron los medicamentos para controlar la alta temperatura, pero todo era infructuoso.
Visitaron varios médicos pediatras de la ciudad de Chitré, pero ninguno concluía en el mal de Larissa. Uno de los pediatras decidió referirla al Hospital del Niño en la capital, para que un especialista la atendiera porque se creía más en la tesis de que la criatura sufría algún tipo de infección.
Fueron al especialista pero la fiebre continuaba. Durante un año Larissa mantenía la fiebre, “día y noche, continuamente”, relata su madre.
Sus padres en medio de la humildad y carencia, con ayuda económica, siguieron adelante con su hija a costa de lo que fuera. En las noches sólo se escuchaba a la niña llorar de dolor en todas partes de su cuerpo. “Si la trataba de cargar gritaba del dolor, si estaba acostada no se podía mover porque le dolía, yo no sabía qué hacer”, comentó su madre.


Larissa empezó a adelgazar, sus manos también comenzaron a deformarse, las rodillas se inflamaron, comenzó a cojear ya no quería jugar, porque no se podía mover. Pero lo más desesperante era que no existía un diagnóstico para la enfermedad de la niña.
Finalmente encontraron que la niña padecía de “Artritis Reumatoide Juvenil (ARJ)”, una enfermedad muy difícil que un infante la padezca.
“Esto ha sido muy duro para nosotros, porque en un principio se pensó en la leucemia, pero oramos bastante y nos acercamos a Dios para que nos ayudara y así lo hizo. Ella tiene una enfermedad muy dolorosa pero no es fatal, gracias a Dios, nosotros tenemos la esperanza, que con el tiempo vuelva a ser como antes”, dijo su madre.
De la capital fue referida a un médico especialista reumatólogo pero en adultos, y no en infantes, durante casi dos años la atendió el doctor Alexis Del Rosario, pero confesó “lo hice porque quería ayudarla, pero mi especialidad no son los niños”.
“Posteriormente apenas me enteré que vino un médico en la especialidad, la referí”, manifestó.
Otro problema que confrontaron los padres de la infante es que en el país no existía un médico pediatría reumatólogo, detalle que puso a la menor en desventaja ante la enfermedad. Sin embargo, ahora Larissa, con la colaboración de algunas personas generosas, acude a la capital a atenderse con un especialista en niños.
Pero esta humilde familia de seis miembros, tiene que superar la escasez económica. El padre cuenta con un sueldo por debajo del mínimo y tiene que sostener las seis personas, tomando en cuenta que sus cuatro hijos están en edad escolar, lo que les impide dedicar económicamente más atención a la enfermedad de su hija.
El doctor del Rosario manifestó que la enfermedad que padece la niña, no se cura pero sí se logra la “remisión”, es decir, se puede apagar, y cuando esto ocurre no hay inflamación, dolor y no hay deformación. Pero Larissa lleva cargando esta cruz, desde hace cinco años.
La ARJ es una forma de artritis que se presenta en los niños de hasta 16 años y produce inflamación y rigidez de las articulaciones durante más de seis semanas. A diferencia de la artritis reumatoide del adulto, que es crónica y dura toda la vida, los niños suelen superar la ARJ. Pero puede afectar el desarrollo de los huesos cuando están en edad de crecimiento.
Larissa ha mejorado en alto grado, acude a la escuela primaria Juan T. Del Busto de Chitré, y cursa el primer grado, es una estudiante muy inteligente y aplicada en sus estudios. Sin embargo recibe una especial atención de su maestra debido a que a ella hay que cuidarla especialmente de las caídas.
Sólo deja de asistir a sus clases los días en que se encuentra en alguna crisis de dolor, pero cumple al pie de la letra las indicaciones de su maestra, inclusive hasta sus compañeros, quienes ya han aprendido a aceptar a Larissa tal como es. Juega con sus amigos y hasta desea volver a subir una bicicleta.
Un documento con la firma de las partes, entregado a este medio, detalla que se reconoce mutuamente la importancia de la delimitación de sus tierras.
Los emberá – wounaán de Arimae y Emberá Puru ceden ante la entrega de 45 hectáreas, según el estudio tenencial de la Reserva de Arimae confeccionado por el Departamento de Catastro Rural de la Dirección Nacional de Reforma Agraria, a unas 13 familias.
Opua manifiesta que regresaron tranquilos a sus tambos (casas indígenas hechas de madera y pencas amarradas entre sí). “Estábamos convencidos de que se respetaría la ley y terminarían las invasiones”.
No pasaron muchos días para que se percataran de lo contrario. Es así como, por petición de ellos, se envía nota al viceministro de Gobierno y Justicia, Alejandro Pérez, el 28 de abril, para que se haga cumplir el acuerdo previo.
La carta fue firmada por la directora nacional de Política Indigenista, Marianella Martinelli.
“Solicitamos a usted (viceministro) su firma en la nota adjunta dirigida a la profesora Lesbia Aldeano, gobernadora de la provincia de Darién mediante la cual se le solicita hacer cumplir el acuerdo suscrito entre moradores y campesinos de Arimae, Vista Alegre y Emberá Puru”.
Agrega “el acuerdo señala desalojar a los invasores que no estén incluidos en el mismo e impedir cualquier otra invasión”.
Un mes después, el 23 de mayo, la tónica se mantenía. Esta vez el subdirector Nacional de Política Indigenista encargado, Dorian Ríos, envía una nota al jefe de la Zona de Policía de Santa Fe.
En ella reitera la necesidad de velar por el cumplimiento de lo acordado, al tiempo que añade “hemos tenido conocimiento por las autoridades del área de Pusadrua, que campesinos están invadiendo Arimae y las autoridades locales no están haciendo nada”.
“Pedimos su apoyo para que se desarrolle una inspección”. Todavía esperan que la medida se haga cumplir, afirma Opua.
La situación se agrava con el pasar de los días. Sólo el martes 22 de julio se dio la alerta en Panamá de que cerca de 80 indios habían cerrado la vía a la altura de Arimae en reclamo de tierras a orillas de la carretera que estaban siendo invadidas.
Se armaron con machetes y juraron defender con sus vidas estos territorios que consideran suyos. El incidente exigió la presencia de autoridades locales y de Gobierno y Justicia. Aunque dicho en buen panameño, por los vientos que soplan, el asunto “pica y se extiende”.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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