Veraguas. Mientras algunos panameños están sumergidos en la farsa y el desenfreno de los días de carnaval, existen otros para los que esta fiesta pasa inadvertida, ya que sus pensamientos son ocupados por un evento aún mayor para ellos; la fiesta del Cristo de Atalaya.
Y es que una vez finaliza el carnaval, es tiempo para el arrepentimiento y buscar a Dios con la finalidad de obtener un perdón para los pecados cometidos durante el carnaval, durante los cuales, muchos panameños se entregan por completo a la fiesta de la carne.
Es entonces cuando la comunidad de Atalaya se convierte en la parroquia de Panamá, pues aquí se congregarán miles de feligreses desde el Miércoles de Cenizas, hasta el Domingo de Cuaresma, lo que representa una de las fiestas religiosas más grandes del país.
Atalaya, el pueblo del milagroso Jesús Nazareno, al cual miles y miles de personas acuden a visitar durante el primer domingo de cuaresma, es la única vez en el año que el milagroso recorre las calles centrales del poblado, acompañado por sus devotos.
En el pueblo muchos son los que en tiempos de carnaval se ocupan en preparar cada detalle para acoger de la mejor manera a la masa creyente que abarrota cada rincón del pueblo para la fiesta del pueblo.
Solo basta hacer un recorrido por Atalaya, para conocer esta realidad. Mientras los culecos en la placita de Santiago están a su máximo nivel, en estas tierras una suave y relajante música, marca el ambiente de paz que se respira en el patio del Nazareno.
En las calles las personas preparan los portales de sus casas que serán convertidos en pequeños cubículos, para la inmensa cantidad de negocios que se instalan durante los días de la cuaresma.
Otros lugareños trabajan de manera muy ardua, y apenas suspenden para atender una conversación o contestar alguna pregunta sobre el trabajo que realizan, sin importarles lo que sucede a pocos metros.
Este año, incluso la presidenta de la República, Mireya Moscoso, fiel devota y asistente al primer Domingo de Cuaresma, tendrá un mejor lugar para apreciar la procesión, ya que la familia que la alberga, remodela el lugar.
El balcón donde tradicionalmente la presidenta observa la procesión, en compañía de varios de integrantes de su gobierno, ha sido modificado drásticamente, y en nuestra visita al pueblo, una cuadrilla daba los últimos retoques.
Al celebrar el carnaval y acercarse las festividades religiosas, Monseñor Oscar Mario Brown, obispo de la Diócesis de Santiago de Veraguas, pidió cordura a los participantes de esta actividad, que a su juicio, debe ser utilizada para que la población se relaje de los problemas que la agobian, pero sin que esto implique que denigren su condición humana.
Para Monseñor, aquel que participa del carnaval sin caer en excesos, estará mejor preparado para participar de una manera activa de la cuaresma, fecha que trae consigo un espíritu de conversión, ya que se nos llama a creer en el evangelio.
Este es el momento en que podemos salir de un mundo de farsa y de fantasía para entrar al mundo de la verdad, y es con el apoyo en las enseñanzas de Dios como se puede afrontar de forma más efectiva este paso, indicó.
Por el momento, el Nazareno y el poblado de Atalaya continúan esperando que finalice el carnaval y la población vuelva a esta realidad, porque estarán preparados para atenderlos de la mejor manera posible, durante esta significativa fecha.