Provincias

Aventura hasta San Isidro


Para los campesinos del área norte de la provincia de Coclé, los caminos de acceso y de producción se han convertido en verdaderos lodazales, dando la impresión de que se encuentran permanentemente en una junta de embarre.
En los corregimientos y comunidades del área norte de Penonomé, por ejemplo, no ha parado de llover, para estas personas no ha existido un verano desde hace mucho tiempo.
Recientemente se visitó la comunidad de San Isidro de Tulú, donde la distancia en auto es de cuatro horas, pero debido al mal estado de los caminos, el recorrido se hizo a pie, para luego abordar unos cayucos por el río Toabré hasta San Isidro.
El viaje se realizó en compañía del administrador Regional del Fondo de Inversión Social (FIS), Luis Camarena; Filemón Morán, coordinador de los Puestos de Salud de la Región en Coclé, y el subcoordinador de Inspección de Estructuras, Jerónimo Chong, también de Salud.
El objetivo de estas giras es dar a conocer al resto del país las condiciones en que viven miles de panameños de las provincias, que de otra manera no se conocerían, pues son pocos los funcionarios de gobierno que se adentran por las montañas del país, a conocer las necesidades reales de nuestros campesinos.
Al llegar a San Isidro comprendimos que la verdadera necesidad de estas personas, no son los caminos ni la ropa, sino la comida: el alimento diario; debido a que el agua no les ha permitido sembrar y las provisiones se les agotan. Comenta uno de los moradores que el año pasado, debido a las lluvias no pudieron quemar y mucho menos sembrar; y están muy preocupados porque este año enfrentan igual problema.
Los habitantes de San Isidro han esperado con ansias, que cesen las lluvias y que llegue la época seca para poder sembrar sus hortalizas y verduras y así procurarse su alimentación.
Los afectados señalaron que se alimentan de lo que sobró de la última cosecha. Pero su mayor preocupación es que no pueden salir del lugar a causa de los caminos tan dañados que tienen por allá. "Ni nosotros que estamos tan acostumbrados a estos trabajos nos queremos arriesgar a salir del pueblo por esos caminos, que son un peligro para el más avezado de los hombres", indicaron.
El recorrido hasta el lugar dura un día, pero lo peligroso de esto es que hay lugares donde el camino se pierde a causa de deslaves en las laderas de las montañas. Hay pasos muy angostos, donde se corre el riesgo de caer al despeñadero.
Si esa carretera recibiera unos centímetros de piedra o material selecto podría ser de fácil acceso. Desde Bocas de Tucué el camino fue cortado y es ancho, incluso en muchos lugares están puestas las alcantarillas, sólo falta acondicionarla para que en el invierno sea transitable.
Esta vía es de mucha importancia para el sector, pues son muchas las comunidades beneficiadas. Actualmente se pierde la producción de café y otros rubros que no pueden ser llevados a la venta. Además, esta vía conecta a las comunidades de El Guayabo, Lourdes, Boca de Tulú y San Isidro, las más grandes del área, con Puestos de Salud y escuelas primarias, que en ocasiones quedan incomunicadas unas de otras, a causa de las crecidas de los ríos.
Por su parte, Camarena exhortó a los residentes de esa región a priorizar proyectos, explicándoles cómo trabaja la entidad y cuáles son las principales necesidades que atiende la misma. Para el FIS lo principal es el acueducto rural; no obstante, la comunidad señaló que su acueducto no es malo, tienen abundante agua que llega a todas las viviendas. La comunidad la componen 20 viviendas y un aproximado de seis miembros por familia. Tienen un radio de comunicaciones donado por el FIS, con el cual se comunican con los miembros del Sistema de Protección Civil de Coclé para cualquier emergencia. No tienen luz y el problema habitacional es existente.
La desnutrición es palpable entre los infantes y adultos, pero esto es obvio puesto que no tienen suficiente alimento.
Pero dentro de tanta miseria, existe un paisaje natural precioso, un río ancho, con corrientes y rápidos atrayentes, especiales para surcarlos en bote o cayuco. La existencia del río es una bendición para estos moradores, por el hecho de que se convierte en la ruta más fácil y rápida para llegar y salir del área. Por doquier, en cualquier vuelta se pudo apreciar los caminos que bajan hasta el río, y los pequeños cayucos amarrados en las riberas, donde incluso hay niños paseando o pescando.
Para el viaje hasta San Isidro se contrató los servicios del cayuco propiedad de Cristino Flores, quien tuvo la suerte de poder enviar a sus hijos hasta Penonomé, donde en el INAFORP tomaron cursos sobre motor fuera de borda y luego pudieron adquirir uno, que les permite obtener entradas económicas transportando a personas enfermas o en giras de trabajo.
Juan y Virgilio Flores son muchachos criados con el vigor del campo y poseen la fortaleza que la misma naturaleza les confiere por los trabajos y luchas constantes.
En diversas ocasiones fue necesario bajarse del bote para atravesar pequeños caminos en las riberas del río para luego volver a subir más adelante, cuando se llegaba a las aguas mansas; mientras que los muchachos llevaban el cayuco por la corriente, uno empujándolo, con el agua hasta la cintura y el otro, jalándolo con la cuerda. Así, hasta llegar nuevamente a Boca de Lurá, donde se debe continuar a pie, entre el lodo, hasta Boca de Tucué lugar en el que esperaba el auto desde el día anterior.
Estas giras las deben realizar otras instituciones, otros funcionarios para que aprecien la realidad de las comunidades y tomen como compromiso del gobierno, darles una solución a los tantos problemas que los aquejan. Estos parajes agrestes, llenos de vida y hermosos podrían convertirse en fuente de ingreso con el turismo, si tan sólo hubiera una carretera transitable hacia estas áreas.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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