Un total de 134 casos de tos ferina se registraron en la provincia de Bocas del Toro durante el año que concluyó, mientras que en 1997 se contabilizó solamente 37.
La información la dio a conocer la oficina regional del Ministerio de Salud (MINSA) en la provincia de Bocas del Toro.
La información especifica que al parecer el brote se inició en enero del año pasado, cuando inicialmente se registraron 54 casos, solamente superados por los 66 que se dieron en el mes de septiembre.
Sin embargo, se pudo conocer que en los meses de mayo y diciembre no se registró ningún caso.
Trascendió que el brote extensivo de la enfermedad se originó en el corregimiento de Tobobe, específicamente en las comunidades de Sulidú y el río Sardina, posteriormente se detectaron casos en Chiriquí Grande, santa Clara, Piedra Roja y Bocas del Toro entre otros.
De acuerdo también al informe los bocatoreños más afectados con esta dolencia son los residentes del distrito de Bocas del Toro, con un 67.8% del total de los casos, le sigue Chiriquí Grande con 24.7% y posteriormente Changuinola con el 7.5%.
Se conoció que la población más susceptible son los niños que no han completado el esquema básico de la D.P.T o sea las tres vacunas para combatir el mal y que son totalmente gratuitas.
Los estudios indican además que los niños entre las edades de 1-4 y de 5 a 9 años, reportaron las más altas tazas con 299 y 197.8 casos por cada 10, 000 habitantes.
Mientras que el riesgo de enfermarse para los infantes es de 27%, por cada 1,000 nacidos con vida.
Según explicó, Carlos Flores, director del Sistema de Salud en la provincia, existen varios factores que influyen para que origine un brote de tos ferina u otra enfermedad en esta parte del país.
"Por ejemplo tenemos la falta de cobertura frente a la carencia de un transporte aéreo hacia las áreas de difícil acceso como las mencionadas", dijo el funcionario.
Explicó a que este tipo de lugares es imposible llegar por tierra o mar con los implementos médicos, principalmente con las vacunas que necesitan cierta temperatura especial para que sean efectivas.
Advirtió que otro impedimento son las costumbres y creencias de los habitantes, quienes se oponen rotundamente a que sus hijos sean vacunados, pues no creen en la ciencia.
"Hemos registrado dos defunciones por esta enfermedad, pero no necesariamente por la falta de medicamentos o atención, ya que gran parte de las veces nos traen los pacientes cuando ya no se puede hacerse nada para salvarles la vida", advirtió el galeno.
Sentenció que entre las medidas que se están tomando para controlar y a largo plazo erradicar esta enfermedad está la prevención, la capacitación de los asistentes de salud originarios de estas regiones.
"Esto nos permite una mejor comunicación con los lugareños y se establece además un vinculo de confianza hacia la medicina moderna", puntualizó.