Colón, tierra de grandes deportistas, políticos, oradores, juristas, religiosos, acompañados de su rica gastronomía y cultura, está hoy de fiesta para recordar los acontecimientos que sellaron nuestra separación de Colombia, en 1903.
Por su envidiable posición geográfica se convirtió en un polo de desarrollo, no solo para la región sino para el resto del país.
Pero este desarrollo no repercute en la vida de los colonenses, quienes atraviesan una difícil situación económica, pese a tener varios puertos de contenedores, una zona franca, un ferrocarril, las esclusas en el Atlántico, autopista.
Con algo de nostalgia, el señor Eduardo Salazar, de 83 años de edad, desde su pequeño cuarto, en la calle 9 avenida Meléndez, recuerda cómo era vivir en Colón, con sus calles limpias, sus amplias salas de cine, sus casas pintadas, sus centros de diversión y, sobre todo, por la cantidad de empleos.
Situación que fue cambiando en la década de 1970 en adelante, según recuerda Salazar. Los propietarios de los edificios empezaron a abandonarlos, dejando que los mismos se deterioraran.
Fueron pasando los años y todo se fue destruyendo; los Gobiernos de la dictadura y de la democracia dejaron de invertir en la ciudad, hasta llegar al estado deplorable en que se encuentra.
Para el historiador colonense César Quijano es necesario que la población conozca el valor histórico que representa no solo la fecha del 5 de Noviembre, sino también las otras efemérides, para lograr convertirse en una nación pujante.
Quijano manifestó que en cuanto a la renovación de Colón, considera que la misma es compleja, por tener una cantidad de elementos técnicos y sociales, al trasladar las personas de un lugar a otro, sin atender la parte humana.
Argumentó que se debe trabajar mucho con la niñez, que ha vivido en conductas que ha aprendido, y trasladarla hacia otros lugares, sin atender esos temas, se va a quedar en lo mismo.
Y es que estos trabajos han afectado al sector comercial, sobre todo con la baja en sus ventas, principalmente en la avenida Central y Bolívar, indicó José Ortega, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Colón.
Por su parte, Marco Andrade, dirigente del Suntracs, es de la opinión de que Colón Puerto Libre, de ejecutarse, expulsará a los colonenses que hoy residen en la ciudad, para favorecer a la clase empresarial, "solo la podrán habitar los privilegiados; ahora sí es válido hacer la inversión que se hace, pero antes no, porque no era rentable favorecer a la clase humilde", indica.
Andrade señaló que la clase dominante resalta el crecimiento económico del país, pero los colonenses, forman parte del 40% de una población que vive en pobreza, un millón y medio, y medio millón en pobreza extrema. 400 mil panameños comen si acaso una vez al día y 19% de niños menores de 5 años están en el nivel de desnutrición.
Mientras todo esto pasa, el señor Salazar pasa sus días en su pequeño cuarto, con la expectativa de volver a ver aquel Colón que vivió, aunque reconoce que se debe hacer un trabajo interno del ciudadano, que vivió sin pagar luz eléctrica, agua potable, sin servicios sanitarios eficientes y arrojando la basura a las calles, sin control.