Una de las principales barreras a la que aún se enfrentan las comunidades rurales de Panamá, se centra en las limitaciones en materia de aprendizaje.
Sin embargo, a pesar de los inconvenientes, los profesionales de la educación ponen lo mejor de sí para superar los obstáculos; Peggy Aparicio es uno de estos casos.
Una joven que en su corta experiencia, se ha enfrentado a grandes retos, el mayor de ellos: ser una maestra multigrado. Sólo tiene cuatro años de docencia y este año fue informada que dictaría clases en la Escuela Nancito del distrito de Remedios, provincia de Chiriquí, cerca de su casa, pero... ¡a seis grados!
La jornada de Aparicio inicia atendiendo a tres niños en primer grado; seis en segundo; 11 en tercero; cuatro en cuarto; tres de quinto y dos en sexto grado. Quizás el número refleja poco, pero más importante que el número de estudiantes, es la estricta programación que debe ejecutar Peggy.
Llega a las 7:15 y empieza a las 8:00 de la mañana, hora en que llegan los alumnos. "Lo primero que hago es encomendarme a Dios con una oración, luego me organizo primero con los grados altos, para permitirle a los pequeños una mayor atención", explicó.
NIÑOS LIDERES Y LAS ANECDOTAS
Desde pequeños hay niños que descubren una vocación especial por dirigir y porque no, cooperar. Esta maestra cuenta con algunos de ellos en su grupo. Los niños líderes la ayudan a coordinar el día a través del planeamiento que se encuentra en las cartillas que contienen todo el material a tratar durante la semana.
Para ella han sido muy valiosos los talleres impartidos por el Ministerio de Educación, por los objetivos y conocimientos que detallan. "A los niños de grados iniciales se les copia todos los días, ya que en esa etapa ellos están empezando a reconocer todas las cosas, no así a los de grados más altos, quienes ya tienen mayor capacidad y pueden trabajar en grupos", indicó.
Para impartir y planear sus clases utiliza tres preparadoras diarias y semanales. Estas le permiten determinar lo que se hará en los cinco días de la semana. Muchos recuerdos se mantienen latentes en el corazón de Peggy. Acongojada aún, recordó que una vez uno de sus niños fue picado por una culebra y ella, "la única en la escuela, tuvo que correr para un centro hospitalario, dejando al resto del grupo con los alumnos líderes".
UNA MAYOR INDEPENDENCIA
Una labor tan ardua requiere no sólo preparación, sino también paciencia. La docente sólo utiliza un aula que divide en dos, no obstante, la mayor dificultad a la que se enfrenta es poder brindarle a cada niño la atención que merece. En cuanto a las ventajas que se experimentan al ser una maestra multigrado, sostuvo que permite a los alumnos mayor independencia, además adquieren una actitud más positiva.
Su primera experiencia como maestra fue en la Escuela de Río Mar, en el distrito de Puerto Armuelles, donde además de desempeñarse como docente, estuvo a cargo de grupos estudiantiles que representaban al plantel en diferentes actividades.
Nos comentó que tal vez por esa razón experimentó severos cambios, porque la Escuela en el Barú era completa, incluso con maestros especiales y gran cantidad de alumnos, a diferencia de donde labora ahora, "donde sólo existo yo, 32 estudiantes y una trabajadora manual".
Señaló que la nutrición también es parte importante para el desarrollo de la educación por lo tanto, siempre tiene muy presente que a cada uno de sus alumnos se le brinde la alimentación necesaria.
A pesar de todo, jamás se ha arrepentido de su profesión, ya que ha tenido muy buenas experiencias que se iniciaron durante su vida estudiantil, que le permitió representar la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena en diferentes países.