EN MEDIO de las faenas diarias de la juventud y con un cúmulo de sueños en las manos, la vida de Ameth Francisco Bazán Collado de apenas 22 años entró en un mundo de sombras cuando le diagnosticaron una enfermedad severa que lo llevó a someterse a un transplante de corazón que lo enfrentó con su fe y la creencia en el Jesús de la vida.
"Todo cambió para mí el día que me dijeron que mi corazón tenía un problema serio" recordó Ameth quien entró al centro médico por un supuesto resfriado y repentinamente tuvo que emprender una lucha por la vida donde su fe y perseverancia lo llevaran victorioso hasta la meta.
Adelina de Varela, tía de Ameth, indicó que la única alternativa que daban los médicos para que su sobrino viviera, era realizarle un transplante de corazón que costaba alrededor de 75 mil dólares, en la ciudad de Medellín, además de que había que conseguir un donante.
Varela señaló que siempre pusieron su esperanza en Dios, y mientras estaban en el hospital, los paramédicos llevaban a un joven que había tenido un accidente y que estaba a punto de fallecer. Luego de morir deciden transplantarle el corazón a Ameth, pero fueron claros en señalar que sólo un milagro podía salvarlo.
Llegó la hora de la operación y Ameth pidió unos minutos a los galenos para encomendarse a Jesús Nazareno de Atalaya, a quien le pidió que lo perdonara y que le diese una oportunidad de vida para estar con su familia, prometiéndole cambios de actitud para hacer el bien común.
Largas horas de angustia pasaron en la Clínica Santamaría de Medellín, cuando de repente salieron los médicos e indicaron que todo había sido un exito y que la mano de Dios y de su hijo Jesús habían intervenido.
Desde entonces Ameth y sus familiares agradecen a Jesús Nazareno de Atalaya, por regalarle el aliento de la vida por muchos años más.
La Tía Adelina y el señor Heriberto Varela con lágrimas en sus ojos se posaron frente a Jesús Milagroso y contemplaron las manos de la imagen sagrada, las mismas que estuvieron en el momento de la operación de su sobrino, que inclusive ya consideraban junto a Dios.
Su abuela y madre de crianza Esther Escudero, también señaló que Jesús Nazareno escuchó su súplica y de un soplo le devolvió la vida a su hijo.
Ameth relató que en medio de la oscuridad en la que entró su vida, las largas horas de soledad que vivió lo hicieron acercarse más al único que siempre lo acompañaba "Jesús", manifestando que desde estos espacios íntimos entabló una relación más cercana con el Dios de la vida.
"El fue siempre mi soporte" aseguró el joven quien reconoce que su primera reacción ante el diagnóstico fue de decepción pero luego entendió que solo en la Fe y la oración podría encontrar la fortaleza y aunque estaba dispuesto a aceptar la voluntad de Dios, él se aferraba a la vida y todos los sueños que tenía por delante.
Ameth dijo que todos los días de su enfermedad le pidió a Jesús que lo ayudará y escuchó sus suplicas, pues hoy en día goza de salud, y ha podido realizar una vida normal como cualquier otro joven, es por eso que le estará eternamente agradecido.
Cristo provee un corazón
Estar por un instante al borde de la muerte, lo ha ayudado a valorar más la vida, y se pudo dar cuenta que es cierto que la fe en Dios y su hijo Jesús Nazareno, puede mover montañas. De allí el sabio refrán que dice que "para Dios no hay nada imposible", sólo hay que saber pedirle y depositar toda la confianza en el único dador de amor, que a pesar que no le rendimos tributo como se debe, nunca se olvida de sus hijos.