Como la mejor herencia que puede dejarle a sus hijos, el señor Rafael Cedeño ha conformado un equipo familiar alrededor del Festival Nacional de la Caña de Azúcar. Esto es a través del trabajo artesanal de la caña y sus derivados, dando forma al trono y figuras centrales que adornan este evento tradicional.
Por más de 15 años, los Cedeño se han dedicado a dar forma a los distintos temas del festival, siguiendo tradiciones del pintoresco pueblo de Pesé, que con el paso de los años han ido perfeccionando el arte de montar cañas en variados colores, hasta lograr el efecto deseado.
Basta llegar al taller para observar el gran espíritu de solidaridad y apoyo, que caracteriza el trabajo que realizan para el montaje del trono de la soberana del festival y donde, desde el más pequeño hasta el más adulto, tienen una función específica.
Concentrados en su labor, este grupo de hormiguitas une sus esfuerzos por un objetivo común, y siguiendo las fases de este proceso, que no es tan sencillo como parece, va dando los pasos para el acabado final de cada una de las piezas que conforman el diseño escogido.
El señor Cedeño relató, con orgullo, cómo ha ido enseñando a todos los miembros de la familia el trabajo de seleccionar los colores necesarios para cada forma o diseño, destacando que, además de practicar el concepto de equipo, esta labor los une como familia.
Dijo que aunque no es un diseñador, tiene conocimiento de carpintería y, como buen hijo de Pesé, conoce el arte del trabajo artesanal.
Indicó que lo más maravilloso de este trabajo es ver cómo toda la familia se une para lograr que el trono del Festival de la Caña sea una realidad, y cuando la reina sube y la gente está alrededor de su obra, sienten la satisfacción de que en cada pieza y diseño hay algo de ellos.
De acuerdo con Cedeño, para la decoración es necesario tener un contraste.
Según el tamaño y color, se crea cada diseño, por lo que es una labor de mucha paciencia y dedicación.
Señaló que los esqueletos para el montaje de los diseños en caña se arman con anticipación, pero el corte y colocación de la caña tienen que hacerse lo más cerca del día del festival.
Agregó que después de que cada pieza está lista, se procede a lavar y a pasar el barniz para que quede con el mejor acabado.
Contó que desde su hijo más pequeño hasta su suegro, han aprendido el arte y trabajan largas horas en el taller. Así, cada uno está destinado a realizar una tarea distinta: la selección de la caña, colar el vagazo, lavar las piezas, barnizar y empalmar las cañas para obtener las figuras.
En estas tarimas, se utilizan hasta siete mil cáscaras.
Dijo que, sin el apoyo de cada uno, no se puede lograr terminar el trabajo, por lo que todos cumplen con sus responsabilidades.
En los días próximos al festival, en el taller familiar van enseñando a los nuevos miembros, manifestando que su mayor satisfacción es poder dejarles esta herencia tradicional a sus hijos y que ellos la mantengan de una generación a otra.
Rafael anhela que nunca se pierda esta tradición en su familia.
Decoración de tronos, una herencia familiar
Todos los años para esta época, el distrito de Pesé realiza una de las actividades más folclóricas del país.