La región de Azuero caracterizada por su espíritu "fiestero" no escapa de esta realidad y aunque no existen muchos centros de diversión nocturnos, los "arranques" se suscitan en los llamados "Bar-Discotecas".
Sin embargo, desde el "Sábado Chiquito", como popularmente se le conoce al día viernes, gente de todas las edades, sobre todo, los jóvenes, comienzan a organizar la "movida" del fin de semana.
Los lugares para formar la "rumba" dependen de la clase social a la cual pertenezcan o quieran identificarse, y aquí existe una marcada división. El día sábado nos dirigimos a uno de los lugares más populares de la región, donde el aspecto pintoresco del lugar, con el enlace de cuatro ranchos conocidos como "jorones" y el sonido de la música invitan a sus visitantes no sólo a entrar, sino a disfrutar de una intensa noche de baile y diversión.
Gente de clase media-baja llega a este sitio para pasar lo que ellos denominan una "noche de rumba".
Los ranchos unidos en este "jorón" son muy gustados, porque se puede disfrutar de la brisa y el panorama al aire libre, a diferencia de otros sitios donde el humo de los cigarrillos y el aire acondicionado incomodan a muchas personas.
Personas de todas las edades llegan en parejas o grupos de amigos y esperan que suene la música más adecuada para entrar a la pista de baile que generalmente se encuentra llena, sobre todo, cuando son las piezas más sonadas del género típico popular.
Al echar un vistazo por las mesas del lugar, se pueden ver parejas que aprovechan la ocasión para expresarse abiertamente sus sentimientos, entre caricias y besos.
También algunas mujeres y hombres llegan solos a este sitio, en busca de una pareja para pasar un buen rato y claro, aquí hay para complacer todas las necesidades.
No se concibe la diversión sin la presencia de un "trago" o una cerveza, por lo que en cada mesa la gente se refresca después de bailar. Los más jóvenes prefieren las discotecas, donde el "guaro", la música disco, el reggae y rock, son la nota características.
Aquí se destacan los atuendos provocativos de las chicas que llegan en pareja, con amigos, o solas, en espera de alguien con quien disfrutar la noche.
El desorden, la bulla, el cigarrillo y los movimientos atrevidos en grupos, identifican a estas discotecas donde suelen ir los jóvenes "yeyes" como les ha denominado la sociedad panameña, por su forma de vestir, bailar y, sobre todo, de hablar.
En muchos de estos sitios logran entrar jóvenes menores de edad que violan todas las normas para compartir la música y los tragos con sus amigos.
No obstante, libar licor es casi lo primordial de los que llegan a estos lugares y como aderezo, la música del momento bailada principalmente en grupo, aunque algunos prefieren quedarse en pareja y aprovechar los movimientos sensuales para pasar un poco más allá del simple baile.
En las discotecas, ya en la madrugada, después de la música, el baile y el licor, algunos salen a disputarte la honra de ser el "más listo" y a ganarse el respeto de todos en las conocidas "regatas", donde sin control y sin importarles su estado físico, los carros van saliendo en pareja midiendo fuerzas por toda la ciudad, hasta llegar al punto de partida en estas discotecas.
Quizás lo que señaló un joven cuando dijo "lo hacemos así porque no hay más alternativas", sea lo que define esta forma tan personal de entretenerse.
Otros por el contrario, dijeron que "necesitamos que se nos suba la adrenalina y por eso le ponemos nuestro sello personal a la diversión".
Mientras, un buen grupo manifestó que ellos van a estas discotecas porque les gusta este tipo de música y aunque muchos le dan mala fama, lo importante es divertirse a criterio propio.
Queda a juicio de cada uno cómo divertirse. Lo importante es pasarla bien, ser responsable de sus propios actos y saber crear el ambiente para disfrutar de una buena noche sin tener después que arrepentirse.