El cacao orgánico de Bocas del Toro se juega este año su carta principal. Los productores de este rubro, de gran aceptación internacional, buscan duplicar sus exportaciones, conquistar nuevos mercados y minimizar sus pérdidas operativas.
Unas 4 mil 600 hectáreas en la provincia son utilizadas para la siembra del cacao, de las cuales el 95% es trabajado por indígenas de la etnia ngäbe-buglé de forma orgánica, es decir, completamente natural, sin químicos ni aditivos.

Actualmente se exporta cacao orgánico bocatoreño a Suiza y Estados Unidos. Mercados potenciales como Alemania, Japón e Israel emocionan a los productores, quienes ven cómo el trabajo que han hecho por casi 20 años es reconocido mundialmente como uno de los mejores de su clase.
El cacao orgánico panameño posee certificaciones internacionales que le han permitido expandir sus fronteras. El cacao no certificado, que también es orgánico, pero que es cultivado por productores no asociados, igualmente es exportado a Centroamérica y consumido nacionalmente.

Lo cierto es que el cacao de Bocas del Toro es un producto de importancia económica gracias a su exitosa comercialización, pero además presenta graves inconvenientes que frenan su crecimiento e impiden la mejoría en los precios.
Manuel Palacio, coordinador técnico de la Cooperativa de Cacao Bocatoreño (Cocabo), reconoció que, pese a la relevancia para la región de los sistemas orgánicos de producción del rubro, los números siguen bajos. Los sistemas de producción son obsoletos y hay plantaciones de más de 40 años que no producen la cantidad que deberían.
Calidad de producción
El cacao fue de los primeros alimentos nativos que los españoles probaron al conquistar América. Actualmente, además de ser fuente de ingreso de mil 370 productores, tiene importancia conservacionista, ya que su producción está en armonía con el medioambiente.
Hoy en día, cada productor bocatoreños genera unos 2.5 quintales de cacao anuales, en un máximo de tres hectáreas. La meta de Cocabo es ayudarles, a través del mejoramiento genético, a producir de 8 a 10 quintales por hectárea, de forma paulatina.
“Estamos haciendo injertos en nuestras plantas con clones nacionales e internacionales, para lograr el mejoramiento genético en la calidad de la producción”, aseguró Palacio.
Es que producir cacao orgánico no es fácil, sobre todo en un área húmeda y boscosa como Bocas del Toro, que propicia los hongos. El último trimestre del año, que es la época de mayor producción, es cuando más llueve en esta área.
Palacio explicó que en los cultivos de cacao orgánico no se pueden usar aplicaciones químicas o sintéticas, por los altos estándares de calidad que exige el mercado internacional.
Los pequeños productores bocatoreños tienen muchas desventajas operativas. Se estima que el 60% de la cosecha se pierde, sobre todo en las labores de fermentación y secado.
Homogeneización
La meta principal de Cocabo es exportar en 2013 más de un millón 300 mil libras de cacao orgánico y cerrar las negociaciones con los mercados potenciales, los cuales ya han recibido las muestras y la propuesta de la cooperativa.
Pero además, entre los planes a corto plazo se encuentra la apertura de una planta procesadora que permita realizar las tareas de fermentación y secado de forma uniforme.
El presidente de Cocabo, Gilberto Blandford, explicó que comprarán el cacao fresco a los productores, para lograr la homogeneización del producto que se exporta, y lograr mejores precios internacionales.
Panamá es el único país de Centroamérica que no cuenta con una planta de proceso.
Cocabo espera el inicio de operaciones en dicha planta, que estará ubicada en la comunidad bocatoreña de Miraflores, en el mes de noviembre, con una población laboral de 12 personas.
A futuro, los planes son más ambiciosos. Los directivos de la cooperativa anunciaron que planifican construir una pequeña planta procesadora que pueda industrializar el cacao de Bocas del Toro, y producir chocolate en barra par el consumo nacional o internacional.
Otros planes incluyen crear fincas agroturísticas de cacao, para que los visitantes puedan conocer la ruta del cacao desde su cultivo hasta el embarque en contenedores, como forma de generar más ingreso a los productores.
“El cacao es un cultivo que merece ser protegido y apoyado por el Estado y por instituciones internacionales, ya que además de generar ingreso en un área indígena, contribuye a la mitigación de los efectos del cambio climático”, puntualizó Palacio.