El llanto de su hija y la nostalgia de alejarse de su familia no impidió que Ingrid Ibarra abordara el bote que la llevaría a cumplir su deber como maestra de primer y cuarto grado de la escuela de Boca del Río Grande, en la comarca Ngäbe Buglé en Bocas del Toro.
Ibarra es una de los miles de docentes en todo el país que hacen un sacrificio para cumplir con su trabajo.

Cada inicio de año, ella se despide de su hija de tres años de edad, a quien volverá a ver solo tres veces antes de que termine el periodo escolar. Si el tiempo lo permite, regresará en Semana Santa, en mayo y septiembre.
Hoy, Ingrid estará lista para impartir clases a sus alumnos provenientes de Boca del Río, San Pedro, Río Chiriquí, en la costa indígena de Bocas del Toro.

Arriesgan sus vidas
A la educadora no solo le preocupa alejarse de su familia y de la comodidad de su casa, también le ruega a Dios que le permita llegar con vida a su destino.
Ella debió salir de su casa, en Las Tablas de Changuinola, para abordar un bus por 45 minutos hasta la terminal, en donde tomó otro bus hasta Chiriquí Grande, a unos 100 kilómetros de distancia.
En Chiriquí Grande, debe ponerse de acuerdo con el capitán de alguno de los botes que viajan hacia Río Chiriquí. Este viaje por mar abierto dura entre cinco y seis horas, dependiendo del caballaje del motor.
Esta última travesía no significa sentarse y ver el paisaje, para esta época el mar tiene grandes oleajes que alcanzan hasta los cinco metros. Debe pasar por Punta Valiente, entre peñascos que han cobrado muchas vidas.
Y si se topa con una tormenta, el peligro es mayor: se pueden perder, entrar a otro puerto en busca de refugio y enfrentar una de las entradas más peligrosas a nivel nacional, la temible desembocadura del río Chiriquí, en donde muy pocos capitanes han logrado maniobrar correctamente.
Viaje costoso
Luego de sortear estos peligros y ya en tierra firme, Ingrid debe caminar media hora hasta llegar a su escuela, en donde vivirá con los tres educadores que imparten clase a unos 100 niños. Todo el viaje le cuesta entre $60 y $ 70.
Boca de Río Grande es habitada por unas 200 personas. Ingrid sostiene que en ocasiones el mar está demasiado picado y han tenido que esperar hasta seis meses para ver a su familia.
Debido a lo lejano y peligroso, el arroz cuesta casi un dólar la libra, al igual que el azúcar y la leche. El pescado es lo único barato que pueden encontrar.