Muy reacio estaba Celestino, pero después de cruzar un par de palabras, decidió conversar. Estaba en Paso Canoa, después de viajar por más de cinco horas, esperando el autobús que finalmente lo llevaría hasta su lugar de trabajo.
Su destino era Costa Rica, pero el mayor temor era que iba de manera ilegal a participar junto con su familia de la zafra de café; por eso procuraba guardar silencio y esquivar cualquiera persona o conversación que lo pusiera en evidencia durante el camino.
A eso de las 11: 00 a.m., tomó el autobús y emprendió camino hasta una de las tantas fincas que funcionan en la zona sur de Costa Rica.
En Paso Canoa y en las demás comunidades fronterizas, para este tiempo es común el paso de indígenas panameños hacia Costa Rica para participar de la cosecha de café.
Al igual que Celestino, la mayoría lo hace de forma ilegal. El viajó con su familia, hijas, esposa y algunos miembros más para integrarse a las labores agrícolas, por espacio de dos a tres meses, tiempo que dura la zafra.
Celestino señala que ya había pactado un contrato por dos meses, con oportunidad de extenderse de ser necesario.
Los empresarios ticos dan muy buen pago hasta que termina el tiempo de la cosecha, lo cual es factible, porque les permite adquirir buenos ingresos.
Dijo que en Costa Rica, los productores pagan hasta B/. 1.00 más por lata, a diferencia de las fincas panameñas.
En cuanto a las condiciones de vida y a los albergues, son muy diferentes, hay electrificación, agua, estructuras físicas adecuadas, lo que permite un mejor desarrollo del trabajo de campo.
"Podemos dormir un poco bien y trabajar mejor", indicó. Según Celestino, lo que gana en Costa Rica lo ahorra y cuando viaja nuevamente a Panamá, tiene dinero para subsistir por un par de meses más, pues donde vive (Bocas del Toro) no hay suficientes trabajos agrícolas.
Expresó que ante la necesidad, realiza lo que surja, aunque muchas veces no sea rentable, porque el trabajo agrícola es muy mal pagado, debido a que los productos se venden muy baratos, además no hay quién los compre.
"Con esta realidad, no queda de otra que venir a trabajar acá", indicó.
"Ahorramos algo, ya que poco o mucho lo que se consigue allá en Costa Rica es más de lo que tenemos acá", agregó.
Lo peor del caso es que la mayoría viaja de manera ilegal, arriesgándose a ser detenido por las autoridades ticas en los improvisados retenes, porque no hay garitas de control cerca de la frontera.
Celestino es uno de los tantos indígenas que cada año, para esta época, viaja hasta Costa Rica a participar de la zafra cafetalera, actividad que cada año requiere más de mil recolectores.
Según fuentes, debido a la escasez de mano de obra del lado tico para cosechar el grano de café, la situación se repite en la frontera con Nicaragua, pese a las restricciones para la contratación de ilegales, como los riesgos que representa para los empresarios costarricenses.
Celestino salió de Bocas del Toro, donde actualmente vive.
Arribó tras cinco horas de camino, a la ciudad de David, en Chiriquí.
Abordó, un bus comercial para trasladarse hacia Paso Canoas, en la frontera de Panamá con Costa Rica.
Luego tomó otro bus que lo llevaría hasta la finca cafetalera.
El camino hacia la otra ruta del café
En la zona Sur de Costa Rica, existen por lo menos 16 fincas cafetaleras que emplean mano de obra panameña.