Siempre se ha dicho que la fe mueve montañas y que la vida es un constante ir y venir de sucesos y situaciones cambiantes. Esto no es nuevo y ni siquiera relevante si se observa desde la simple óptica, pero a través de los ojos de un devoto todo puede suceder, y los milagros son comunes, más si se refieren a quienes siguen el camino espiritual a través del Cristo Negro de Portobelo.
El relato de un humilde hombre de 63 años es similar a otros tantos, ya que fue precisamente la fe la que lo hizo tener su sustento diario que él mismo administra y que ha llamado "El Milagro del Nazareno".
Se trata de un autobús de una de las rutas urbanas de la ciudad de Panamá.
Luego de laborar por años en la antigua ruta de buses que cubría las ciudades de Panamá y Colón en los tiempos de los buses azules y naranja, y de la desintegración de este sistema, nuestro personaje, quien prefirió no revelar su nombre, cesa en sus labores y se mantiene sin empleo por meses.
Al acercarse la fiesta de Jesús Nazareno decide ir a Portobelo, a pedir la gracia de contar con un bus propio.
Y así fue, a un costo de B/. 4 mil obtuvo el vehículo de segunda mano. Hoy cuenta con tres autobuses y sus respectivos certificados de operación.
Año tras año le agradece al Cristo llevando gratis a todos los pasajeros que quepan y retornarlos a la capital, de eso hacen ya 21 años.
DOS VERSIONES, UNA IMAGEN
La historia de la llegada de la imagen del Cristo Negro a Portobelo no es clara y se cuentan dos versiones, sin embargo, ninguna precisa en qué año realmente aparece en la ciudad de San Felipe de Portobelo, que hoy la conserva a pesar de los siglos.
Ramiro Sánchez, de 72 años de edad, poblador y conocedor de la historia de la región, asegura que hay dos versiones. La primera habla de una caja que flotaba en la bahía y que fue llevada a la orilla por un negro verdulero esclavo llamado Chimanchí y la otra, que llegó de España en una embarcación junto a otra imagen pero blanca, con destino a una ciudad de Suramérica.
Se cuenta que la del Cristo Blanco era para Portobelo y la del Negro para otras latitudes, sin embargo, cada vez que el velero intentaba salir de Portobelo con la imagen del Negro, el mar se embravecía y había tormenta.
El intento se hizo varias veces, hasta que se decidió dejar al Negro y llevarse al Blanco, y el día del viaje no hubo tormenta, de allí nunca se regresó a buscar la imagen del Cristo Negro.
La historia de la procesión de cada 21 de octubre se remonta a una peste de viruela que acababa con los pobladores, hasta que decidieron buscar ayuda en la iglesia.
Sánchez dice que sus antepasados contaban que uno de los enfermos tuvo el mensaje divino de que había que pasear la imagen para que acabara la peste.
Así se hizo y la peste terminó y de allí en gratitud, la imagen es paseada todos los años cada 21 de octubre.