Las costas del Atlántico son visitadas frecuentemente por polizones que abordan clandestinamente las embarcaciones con la esperanza de lograr un futuro mejor en otro país, sin sospechar la suerte que podrían correr.
Quienes abandonan su país esperan hacer realidad el "sueño americano" llegar a Estados Unidos y ganar muchos dólares.
Este es el caso de Severino Salazar, Eulises Ibarbén, de 28 años; William Meza, de 33; Samir Montes, de 32; Elías Salazar, de 32 y Mauricio Naranjo, de 23, seis colombianos de Buenaventura que emprendieron el pasado 15 de septiembre una aventura: viajar sin ser vistos en el barco carguero Sea Land Antártico que tenía como destino las costas estadounidenses.
La embarcación no se había alejado del puerto, cuando fueron sorprendidos por los marinos a la altura de la segunda boya de Buenaventura.
Severino Salazar, relató que fueron maltratados por los tripulantes y encerrados en un pequeño cuarto donde aguantaron mucho frío, los alimentaron una vez al día y les entregaron baldes para que atendieran sus necesidades fisiológocas.
El menor de los seis polizones, Mauricio Naranjo, explicó que luego del maltrato que sufrieron a bordo del barco, fueron bien atendidos por la cónsul de Colombia en Colón, Rosmery Martínez, quien les ofreció albergue, alimentación, ropa boletos de vuelta a su país.
Expresó que durante el viaje se alimentaron solamente de panela y bocadillos,
Eulises Ibarbén, uno de los polizones, manifestó que lo único que desean es conseguir un trabajo, ya que en Colombia hay guerrillas que han generado zozobra y desempleo a la población.
"Yo tengo un hijo que mantener y se nos hace difícil llevar el sustento al hogar por lo que pensé que podría llegar a Miami", aseveró Ibarbén.
Naranjo comentó que "contábamos los días para librarnos del martirio que inició cuando nos descubrieron, todo lo que hicimos por nuestras familias creyendo que lograríamos lo anhelado se fue por la borda, gracias a Dios escapamos por un hoyo que hicimos en el techo".
Durante su encierro, los polizones, planificaron abrir un hoyo en el techo de la embarcación para ser vistos y pedir auxilio, para entonces ya estaban en aguas panameñas, por lo que funcionarios de Migración se percataron de su presencia y los bajaron del barco para ponerlos a órdenes del Consulado colombiano, donde inmediatamente se gestionaron los documentos provisionales para que regresaran a su tierra.
La cónsul Martínez indicó que al conocer sobre la presencia de los polizones iniciaron los trámites para los pasaportes y reconoció que existe una cantidad considerable de colombianos que se aventuran a buscar otros horizontes.
Las esperanzas de casi todos los polizontes colombianos es residir en Estados Unidos, por lo que muchos arriesgan sus vidas sin importarles cuál será el final.