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¡El pueblo está sin agua!


Recibir el agua es una bendición; en algunos casos es como si emanara del cielo, pero el cielo no está lejos cuando se sube al cerro Mena, del que brota agua cristalina con sabor natural, no preparada con cloro.
A dos horas de camino desde la comunidad de Corral Viejo, en el distrito de Chame, se encuentra en abundancia el elemento vital que abastece a 230 familias. En una intrépida gira periodística, y luego de atravesar estrechos senderos, se ve brotar el agua a borbotones.
El objetivo central, que era conocer los detalles del funcionamiento de una potabilizadora rural, se fue develando cuando se encontraron tres tomas de agua que suministran el líquido a las comunidades de Santa Cruz, la Cresta y Corral Viejo.
Uno de los guardianes del eficiente suministro de agua es José Tejada, hombre de 54 años, tez morena y rostro cansado, pero con gran deseo de trabajar.
Sus compañeros diarios son un pico, una pala, una segueta, un tramo de tubo de PVC, su almuerzo y otros instrumentos que usa para limpiar las tomas y reparar cualquier daño que se suscite.
Tejada vive en un pueblo que pese a estar situado a orillas de la carretera Interamericana, se abastece de aguas subterráneas que se distribuyen al poblado por medio de la gravedad.
Por su ubicación, el cerro Mena tiene en reserva un importante corredor biológico, que brinda a la comunidad, con la ayuda del hombre, el beneficio de tener agua. Camino al cerro sólo se ve una pequeña casa de zinc, habitada por siete personas.
Según Roberto Nuñez, un residente de la comunidad, aunque el agua es subterránea, lleva un proceso de cloración que él ha aplicado durante seis años.
Nuñez agrega que el agua que usa la comunidad está preparada con un puntaje de 0.3 a 0.5 de cloro, por lo que no necesita ser hervida. Señala que él fue instruido por un inspector de saneamiento ambiental para determinar las medidas de cloro que debe llevar el agua.
Tejada y Nuñez sostienen que la conservación del área es importante, pero se enfrentan al dilema de que como se trata de potreros privados, se ha registrado una tala indiscriminada de árboles, y todo ello sin indicios de un programa de reforestación.
Son conscientes de que la tala indiscriminada pone en peligro la reserva natural, y están tan preocupados por la situación, que se muestran dispuestos a promover y participar de una siembra masiva de plantones si alguna organización les suministra la materia prima.
Afirman igualmente que la comunidad necesita que se le oriente sobre este tema ambiental, a la vez que debe ser más participativa.
Destaca Nuñez que su comunidad no valora el tesoro que es tener el agua en la puerta de su casa, y muchos ni siquiera saben de dónde les llega.
Quienes están compenetrados con el proceso de "bajar la bendición líquida" agregan que el Centro de Salud de Bejuco no trabaja con el comité encargado de los acueductos.
Explican que las autoridades frecuentaban el área cuando se inició el primer cauce, pero ahora sólo se presentan cuando hay algún brote epidémico que los moradores atribuyen a la calidad del agua.
En relación con los acueductos, detalló que éstos se unen por medio de 13 kilómetros de tubería PVC conectada al tanque de reserva con capacidad para 11 mil galones de agua.
Roberto Nuñez afirma que tiene 30 años de ayudar a su comunidad con las tomas de agua, desde que se inició la primera en 1970 por gestión de Omar Torrijos, y las otras dos se han realizado por iniciativa del pueblo; una tiene 10 años de haberse construido y la otra tiene tres años.
Mientras explica todo el proceso, y a dos horas de las tomas de agua, Núñez se percata que no había abierto la llave principal que llena el tanque de almacenamiento. Con una sonrisa, que no logra esconder su preocupación, dice que debe subir al cerro... ¡El pueblo está sin agua!
Aunque cualquiera se moriría de pereza al pensar en regresar, él lo hace con tranquilidad y sin molestia, demostrando que su trabajo lo hace de corazón y a conciencia.


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40738
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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