Con los ojos llorosos, palabras entrecortadas y la huella ineludible de la fatiga, producto del arduo trabajo del campo, Florentino Beker de unos 60 años de edad, señalando con su machete hacia el río Changuinola, dijo: "Todo eso era mi finca".
"Yo tenía más de 50 hectáreas y ahora, si acaso una fajita", expresó Florentino, al indicar que en sus terrenos había bastante plátano, cacao, noni, maíz, yuca, ñame, ñampí, palma de pixvae, palos de cedro, higuerón, laurel, aguacate y otros, pero ahora no queda nada. Pero no solamente él, fue afectado por la crecida del río Changuinola registrada a finales de noviembre e inicios de diciembre del 2002.
Daniel Palacio, sentado en la escalera de lo que quedó de su casa, cuenta cómo escuchaba la fuerza del río llegar cada vez más cerca, su instinto de lugareño le indicaba que sucedía algo con el río. Fue así como decidió enviar a sus parientes a un lugar más seguro, regresó a casa y por poco pierde la vida.
La casa quedó inservible, la corriente escarbó las bases y la dejó peor que una hamaca, por lo que decidió construir otra en un lugar más elevado. También su finca fue destruida. Otros desafortunados además de perder la finca, perdieron la casa en su totalidad, por lo que ahora no saben qué hacer para mantener a su familia.
José Quintero, Federico Palacio, Enrique Ábrego, Martín Beker y Rosa Flores, coincidieron en que no solamente la naturaleza se ensañó contra ellos, también lo hicieron las autoridades al permitir que algunos empresarios extrajeran balasto, permitiendo que el río encontrara vía libre hacia sus pertenencias, que habían trabajado por más de 30 años.
"El alcalde Samuel Palacio llegó y habló con nosotros, le explicamos el problema, quedó de buscar una solución y nunca más regresó", dijo, Rosa Flores. "También advertimos el peligro al director de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), Benedicto Morales, y también quedó de investigar y nada", agregó Flores.
Al respecto, Morales dijo que efectivamente se estaba investigando el caso porque ANAM no había otorgado permiso alguno de extracción. El alcalde Palacio afirmó a los afectados que la actividad era competencia del Ministerio de Comercio e Industrias.
Abdiel Santiago, administrador de la cantera que está a unos 300 metros del lugar por donde se desvió el río, admitió que no se ha completado el estudio de impacto ambiental, pero asegura que la actividad que coordina no pudo haber causado el desvío del río, como están aseverando los campesinos.
Se calcula que aproximadamente 200 personas resultaron afectadas por la embestida del río, con una población de más de 100 niños los que en su mayoría no acudirán a clases este año, porque no hay con qué mantenerlos, menos para comprar utensilios.
Los afectados también reaccionaron contra "la negligencia de las autoridades", pues por medio de un abogado, pretenden que los involucrados sean sentenciados a pagarles una indemnización que les permita establecerse en otro lugar, pues el río es el nuevo dueño de lo que eran sus terrenos.
Cabe destacar que éste no es el único caso; moradores de finca 15, Luzón y El Silencio, están temerosos pues en la próxima inundación podrían estar en peligro sus casas y sus vidas. También atribuyen el problema de las inundaciones a la extracción de balasto en los ríos Teribe y Changuinola.