Los tiempos han cambiado mucho, pero la esencia de la pollera se mantiene intacta en quienes, como ella, aprendieron este arte como un sello de la nacionalidad panameña.
Recordó que la primera pollera que confeccionó la terminó en el año 1961 y la vendió a una mujer del lugar en B/. 300.00, mientras que hoy las vende en unos 2 mil balboas, tomando en cuenta que los materiales han subido mucho de precio y el trabajo en equipo exige la división de las ganancias.
Doña Ildaura es un ejemplo del trabajo y la principal motivadora de que las costumbres y tradiciones se conserven, ya que para ella la confección de la pollera es mucho más que una forma de ganarse la vida: es un medio para guardar -en cada detalle, color y diseño- la propia esencia de ser panameño y el mejor galardón para la mujer que quiere lucir este traje típico por excelencia.