Baños destruidos, aguas servidas derramadas, olores nauseabundos y abandono de sus familias, sufren a diario los enfermos mentales. Después de la última manifestación que se hizo el año pasado, para pedir colchones, ropa de cama y otros artículos de suma necesidad para las 64 pacientes que viven en este pabellón, el personal que denunció lo que ocurría fue amonestado, de allí el temor a hablar.
Mencionaron que "algo ha mejorado, por lo menos se trajeron colchones y alguna ropa de cama y los pacientes no duermen en los resortes, pero de lo demás nada".
En la sala de psiquiatría de mujeres, funcionan dos pabellones que albergan a 64 personas y dos baños, pero su estado es desastroso.
Inclusive están rodeados de aguas servidas, por donde auxiliares y enfermeras, tienen que caminar.
A falta de un sanitario, los pacientes hacen sus necesidades en el patio, lo que podrían generar una epidemia.
Otro grave problema, es que el personal de aseo se niega a limpiar la sala y sólo se dedican a hacer sus labores en hospitalización. El personal que prefirió por razones obvias no dar a conocer sus nombres, aseguró que los pacientes no reciben las medicinas adecuadas.
En este hospital aún se aplican medicamentos como el Meleril, Aldol, Peridol, que ya no se usan en Panamá, mientras que el Rispaldar y otros que recuperan más rápido al paciente no hay "porque es muy costoso".
Pero el problema más grave, es que los pacientes de psiquiatría son abandonados por sus familiares.
El director regional de Salud, Carlos Muñoz, dijo que la compañía que restauraba el nosocomio tuvo problemas con la Contraloría, por lo que suspendió el trabajo y motivó que sólo se habilitaran 3 baños en psiquiatría.
Añadió que psiquiatría es un edificio enfermo y que las tuberías de agua potable están dañadas.