Con la coronación de su majestad Kathia Isabel Cedeño, se inició la XXXI versión del "Festival del Manito" en el pintoresco pueblo de Ocú, acontecimiento que se identifica por la presentación de diferentes muestras folclóricas de la región.
Este año, el evento contará con la participación del canciller de la República, José Miguel Alemán y su esposa, como padrinos del matrimonio campesino, además de otras personalidades.
Durante el festival se realizarán concursos infantiles y de adultos en las categorías de gritos y salomas, tocadores de mejorana, cantalante de tambor, además de la premiación por excelencia en el vestuario masculino y pollera montuna América Mitre de Ruiloba.
También se presentará la danza de los manitos y el tradicional "Duelo del Tamarindo", además del desfile folclórico, mañana domingo.
Desde tempranas horas de la mañana, la gente del pueblo se prepara para el matrimonio campesino que se ha convertido en uno de los momentos cumbres del festival.
Los desposados, María del Carmen Gómez y Javier Pimentel, de la comunidad del Guarumal, fueron los afortunados protagonistas del enlace de amor celebrado en el corazón del "Festival del Manito" de este año.
Con el recorrido a caballo, los felices esposos fueron acompañados por los padrinos, familiares, amigos y todo el pueblo de Ocú hacia el rancho principal donde se celebra el matrimonio, no sin antes pasar por diferentes puntos del poblado simulando las tradicionales posadas que se realizaban en el pasado.
Al son de la mejorana, salomas y cantares de alegría, los novios son bajados en silla de mano, de los caballos, y llevados hasta la hamaca que se encuentra en el rancho de la fiesta donde los familiares de mayor edad de los novios le dan a probar las primeras cucharadas de sancocho, morcilla de gallina y arroz blanco que son algunas de las viandas preparadas para festejar.
Después del ofrecimiento del brindis para todo el pueblo, la celebración de este matrimonio campesino es complementado con bailes regionales de mejorana, gritos, salomas y décimas en honor de los recién casados.
Recuerda el maestro Pablo Marín que, antiguamente, la recién casada no podía irse de una vez con su esposo y permanecía 15 días después de casada con sus padres, tiempo que debía esperar el hombre para poder tener una vida normal con su amada. Se piensa que durante este tiempo la madre preparaba a su hija para la vida matrimonial.
Otro de los aspectos recordados del matrimonio campesino, era la construcción de la casa donde viviría la nueva pareja de casados; ya que tiempos atrás los padres de los esposos eran los encargados del rancho donde habitarían sus hijos y todo el pueblo se involucraba en la junta que tenía como objetivo dejar lista la vivienda matrimonial.