Ellos aseguran sufrir el deterioro progresivo de sus casas y el peligro de ser impactados por alguna de las rocas provenientes de la pedrera, aunque admiten que carecen de los recursos y medios para mudarse a un sitio más seguro.
Instituciones como el Sistema Nacional de Protección Civil y la Oficina de Seguridad del Cuerpo de Bomberos de La Chorrera han formulado por separado recomendaciones a la empresa que administra la cantera, aunque los pobladores aseguran continuar sufriendo los efectos de las explosiones.
Rosa Caravallo asegura que, en el 2006, la empresa faltó a su compromiso de subsanar los daños sufridos en su casa a consecuencia de las explosiones y que con el paso de los meses se agravaron al punto que debió condenar la puerta trasera y varias ventanas de la vivienda.
Aun cuando la Oficina de Seguridad del Cuerpo de Bomberos de La Chorrera realizó una inspección, alegaron no poder precisar que las rajaduras fuera el resultado de las explosiones realizadas en la cantera y que podría deberse a una mala construcción.
El año pasado, una roca cayó en la parte trasera de la casa, aumentando su temor por la seguridad de sus hijos, aunque advierte que no se quiere mudar.
Por su parte, Luz Minerva Mariscal indica que "tiene miedo por los niños que están chiquitos", y aunque los empleados de la cantera les piden que salgan del área y suenan una sirena de advertencia resulta difícil hacerlo con cuatro niños pequeños, por lo que opta quedarse dentro de la casa, la cual -asegura- "se mueve toda".
Los terrenos que ocupa los compró al municipio hace muchos años y no pretende mudarse, ya que le gusta el área, aun con el problema de las explosiones.
Por parte de la empresa que administra la cantera El Coco, no hubo pronunciamiento alguno sobre estas acusaciones, ya que el gerente se encontraba de viaje.
Gran parte de los terrenos en donde se encuentran las casas afectadas por la "rocas en vuelo" y rajaduras es municipal, y aunque se intentó obtener el estatus de dichos terrenos de parte de la ingeniera municipal Kathia Ramos, ésta se negó a dar cualquier información.
Extraoficialmente, se conoció que en esa área no existen terrenos municipales disponibles para la venta y que los mismos tienen un valor de B/. 2.00 el metro cuadrado; además de estar clasificados como de tercera categoría.
La directora regional del Sistema Nacional de Protección Civil en Panamá Oeste, Noriela Rodríguez, dijo que ya se han realizado dos inspecciones al área por parte de la Oficina de Prevención, la cual está pendiente de entregar el resultado del segundo informe.
Rodríguez indicó que una primera inspección visual se realizó en septiembre del 2006, luego de que residentes del área denunciaran haber sido afectados por una lluvia de piedras además de rajaduras en las casas.
Del primer informe, se derivó una serie de recomendaciones, como la colocación de sismógrafos en los puntos en donde se realicen las voladuras, además de que se realizara un inventario de las viviendas cercanas al área de la cantera.
A su vez, el capitán Donato Gutiérrez de la Oficina de Seguridad del Cuerpo de Bomberos de La Chorrera, explicó que la empresa administradora de la cantera subcontrata a otra compañía para que realice las voladuras.
Dar aviso a la población con 24 horas de anticipación y 15 minutos antes de efectuarse las explosiones; además de realizar un programa de señalización con letreros de advertencia.
La empresa debe colocar mallas de perforación, además de un período de retardo y separación entre cada explosión, sumado a la colocación de materiales de amortiguamiento.
¿Qué daños registran sus viviendas y qué piensa hacer?
Dioselina Mariscal: "La parte de atrás de mi casa se rajó totalmente y aunque la empresa me ayudó a repararla, existen nuevas rajaduras que me tocará solucionarlas, lo más seguro es que tendré que derribar la pared".
Lucy Rodríguez: "Por la seguridad de mis hijos, tuve que mudarme y abandonar mi casa de muchos años; tenía los nervios destrozados por las continuas explosiones. Ahora vivo más tranquila".
Luz Mariscal: "Aunque recomiendan que debo salir de casa, no puedo hacerlo por la seguridad de mis niños, dentro de la casa, al menos, están protegidos de que les caiga una roca encima".
Rosa Caravallo: "Temo de que mi casa se derrumbe, y la empresa no ha querido asumir su responsabilidad. Esto se ha convertido en un peligro para toda mi familia".