Cuando las campanas comiencen a anunciar la llegada de un nuevo milenio, cientos de miles de personas sentirán una mezcla de sensaciones, unos de alegría, otros de tristeza. Una ilusión embargará a quienes se han trazado ya sus metas y propósitos, mientras que otros sentirán temor por un futuro, que es por demás, incierto.
Nuestros lectores de todo el interior del país forman parte de estas personas esperanzadas que en el año 2000, el gobierno cumpla sus promesas en materia social, que tanto necesitan las comunidades más apartadas.
Un ejemplo claro de esto es la comunidad de Calovébora, en la provincia de Veraguas, cuyos residentes expresan su tristeza porque los gobiernos los han mantenido marginados y olvidados, durante este milenio que termina.
Algunas tierras se mantienen vírgenes y no han sido tocadas por maquinaria alguna, truncando las esperanzas de abrir los caminos de desarrollo.
Sin embargo, el mayor deseo de los veragüenses es que exista paz entre sus habitantes y que se reavive la comprensión ante el dolor y la necesidad ajena, así como también que se practique mayor tolerancia.
La violencia que se ha registrado en Darién no ha desanimado a sus moradores que esperan cambios positivos para esta provincia al iniciarse el Siglo XXI.
Una de las principales autoridades de Metetí, Alexander Valdés, se muestra optimista y asegura que muchos proyectos como la rehabilitación de la carretera Panamericana, la titulación de tierras y sobre todo el mantenimiento de la reserva natural, destinados a la región serán concretados, lo que hará más viable el desarrollo de la provincia.
Pero más que promesas, los darienitas esperan paz, tranquilidad y mayor seguridad para un pueblo que ha vivido en medio de temores durante los últimos años.
No es igual en Bocas del Toro, que clama porque en el primer año del nuevo milenio se solucionen los problemas de salud y educación que reinan en esta provincia.
Lejos de pensar en la falla del milenio y las consecuencias que ello provocaría, los bocatoreños esperan que la tan mencionada tecnología llegue a las áreas más apartadas y de este modo, tengan las mismas oportunidades del resto de la población.
Los coclesanos sólo piden que este nuevo milenio les traiga agua potable y un sistema víal acorde con la producción. Y así comunidades como Farallón, Río Hato, Antón, Juan Díaz, El Entradero, Altos de la Estancia, San Juan de Dios, El Valle y el recién creado Caballero, todos se unen para esperar que el gobierno les dé soluciones de vivienda, empleos, mejoras en la pesca, acceso a las poblaciones, y por último, grandes proyectos agrícolas y económicos.
Para los chiricanos, "una mañana plegada de sueños, y una ventana abierta a un porvenir seguro", son las más grandes esperanzas que tienen para el próximo siglo.
Chiriquí al igual que Coclé, Panamá Oeste y Colón desea que el nuevo siglo traiga empleos que satisfaga las necesidades de muchos, unido a la paz y felicidad que el Todopoderoso pueda ofrecer.
Y por último, en Los Santos y Herrera se espera que el gobierno cumpla con la promesa de permitir que se explote turísticamente las playas, además que se culmine el tan anhelado relleno sanitario.
Para muchos, este nuevo siglo representa un reto, hecho que les prepara un futuro incierto y lleno de sinsabores.
Por ende, las esperanzas de mejorar sus condiciones de vida, aunado a los deseos de participar en los proyectos del país como base para lograr nuevos ideales, hacen que el trabajo y esfuerzo personal sean los baluartes más firmes para tomar cualquier decisión y para abrigar sus esperanzas de poder ser mejores ciudadanos.