Provincias

Indgenas de Hato July esperan mejores das

A pesar de esta dura realidad, en las zonas apartadas las condiciones de pobreza son peores.


La carestía está a punto de culminar dentro de los pueblos ngöbe. En los meses de junio y julio no hay comida en la comarca, porque las cosechas todavía no comienzan.
Estos son los meses más difíciles para los indígenas quienes esperan el maíz nuevo para hacer bollos y tortillas, mientras el arroz a penas comienza a florecer.
El hambre y la escasez de alimentos azotan a esta región, principalmente en esta época del año. Luego de que muchas familias regresan en los meses de febrero y marzo de las zonas cafetaleras para comenzar la siembra de productos agrícolas que le permitan subsistir hasta que vuelva la zafra.
Rubén Gallardo es uno de estos nativos que con mucho esfuerzo todos los años se traslada con su familia a las fincas cafetaleras para la zafra, al menos así pueden comprar ropa y los útiles escolares.
Con el encarecimiento del arroz, la miseria y la crisis económica se ha incrementado. Aseguran que este año han logrado comer arroz, durante esta carestía, sólo cuando les pagaron el bono de la red de oportunidades.
Después que se acabó este dinero, sólo queda yuca y plátano para comer, ya los fogones no arden con la misma leña, al no poder preparar un arroz con carne.
"Nosotros sembramos y esperamos que la tierra haga producir los siembros como el arroz, el maíz, la yuca. Nosotros no tenemos plata pa´ comprar abono y lo que cosechamos sólo es pa´ el consumo", dijo.
Destacó que esta situación muchas veces hace que no tengan recursos para enviar a sus hijos a la escuela y por eso, muchas personas no saben leer ni escribir.
El café de exportación que se vende en los mercados internacionales pasa por las manos de estos nativos que se trasladan de sus comunidades, hasta las regiones de Boquete, Volcán y el distrito de Renacimiento, desde el mes de noviembre hasta finales de febrero, para cosechar este grano.
Esta es una de las alternativas que salva en estos meses del año la condición económica de muchas familias, pero al culminar tienen que regresar a su pueblo para tratar de sobrevivir.
La vida en estas regiones no es fácil, señala Rubén. Muchas veces cruzan la línea fronteriza con Costa Rica y cosechan café, aunque las condiciones de los campamentos son mejores, el pago por cada lata de café cosechada es muy barato. Les pagan entre 300 a 400 colones que representan unos 55 a 75 centésimos, mientras que en Panamá les pagan B/.1.00 a B/.1.50.
La ventaja de este trabajo es que les permite equiparse de lo necesario para el año.
Mientras conversaba, la humedad de la tierra se sentía dentro de la improvisada residencia de la familia Gallardo, que aunque es limpia y ordenada, las hojas de zinc ya están deterioradas.
El piso es de tierra y la cama de cañazas es sostenida por pedazos de madera enterrados. Allí vive esta familia que ha criado al menos tres hijos.
Gallardo reconoció que el bono de la Red de Oportunidades, que les han dado cada dos meses, es el que permite a la mayor parte de las familias probar el arroz y la carne, porque lo que alcanzan a ganar como jornaleros y vendiendo las gallinas que crían, no es suficiente para una alimentación adecuada.
Solicitan al gobierno el apoyo, también en fertilizantes para trabajar una agricultura que les permita al menos tener un ingreso y que no sea sólo de subsistencia.


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287468
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América