¿Qué pudo motivar a 680 indígenas a viajar a través de fuertes corrientes por río, hasta cuatro horas en piragua?... Aunque parezca increíble, un congreso, pero uno en el que se reflejaría un profundo apego a la democracia y al derecho a la libre elección de sus nuevas autoridades. Se trata del II Congreso General de Tierra Colectiva Emberá - Wounaan, celebrado recientemente en la comunidad de Manené, en Darién.
Los representantes de esta etnia, que quedaron fuera de la Comarca Ngöbe Buglé, creada mediante la Ley No. 22 del 8 de noviembre de 1983, viajaron desde Jaqué, Llano Bonito, Pueblo Nuevo, Nueva Galilea y otras tantas áreas apartadas para acordar quién regiría como cacique y presidente. Estas figuras, según sus costumbres, toman las más importantes decisiones que atañen a la etnia y que en este caso se centraría en la aprobación de un anteproyecto de ley ante la Asamblea Legislativa para que se reconozcan los derechos de estos pueblos a organizarse, mantener sus costumbres, tradiciones y que se les legalice su territorio.
Y es que la logística, sólo para lograr desplazar a grupos representativos de los distintos sitios, exige tiempo, financiamiento y empeño, lo que empezaron a echar a andar hace un año y que según los resultados, supieron hacerlo como una gran sociedad organizada.
Habitantes de Jaqué, Pusalba, Tuira y Balsa, con sus respectivos caciques regionales, se dieron cita en el encuentro cumbre para estos indígenas. Allá, a tantas horas de la capital, se desarrollaba un escenario de la política criolla que envolvía a propios y extraños y como era de esperarse, no faltaron las alianzas... las que tomaron fuerza con el transcurrir del tiempo. Leovigildo Doviasa, un nativo de unos 45 años, llegó a Manené convencido de su postulación para cacique general, pero la preferencia no se inclinaba a su favor.
Una negociación privada, corta, pero aparentemente circunstancial, lo llevó a aceptar la suplencia de cacique. Silencioso y pensativo, recorría el pueblo. Cualquiera con dos dedos de frente sabía que el triunfo estaba en manos de Clementino Verrugate o Calixo Cunampio, los otros dos contendores.
Doviasa rondó y rondó... al volverlo a cuestionar ya había decidido. Apoyaría a Cunampio como cacique suplente, con quien apenas se le vio conversando. Las opciones empezaron a ser menos, pero previo a la elección, era necesario discutir el anteproyecto que recogía sus peticiones para un mejor futuro para estas comunidades.
LAS MUJERES DEL CONGRESO
Para las discusiones no había edades, pero curiosamente tal vez sí sexo. Las mujeres ocuparon los asientos apenas sonó la campana del Colegio Vasco Núñez de Balboa de Manené (el nombre se debe al supuesto paso del conquistador por el área), pero la voz cantante fueron los hombres.
Vestidas con sus collares de cuentas, pintadas con jagua y con sus niños al hombro, ellas también eran parte de lo que allá, lejos de la civilización, se debatía. Algunas permanecían en sus hogares cocinando, pero la mayoría se ataviaba y hacía lo propio con sus vástagos para no perderse un solo detalle de este encuentro.
Hasta los niños parecían entender la importancia del ritual... cero llantos, apenas se les escuchaba y hasta fueron parte de los grupos de debate, no obstante, la presencia masculina prevaleció al emitir conceptos. Ellos, con taparrabos, dibujos en sus cuerpos, o ropa casual, pantalones cortos y camisetas, lo que resultaba ideal por el candente sol.
Llamó poderosamente la atención que a más de dos horas de intensa controversia las féminas apenas opinaban. Unos seis hombres componían la mesa principal, dirigían las conversaciones, disponían del tiempo, en fin, hacían y deshacían...
Una respuesta sencilla surgió entonces. "Las mujeres generalmente no ocupan cargos importantes como cacique general o presidente del congreso porque deben viajar por dos y tres meses a Panamá y otros lugares para las discusiones y no hay con quién dejar a los pela"os", sostuvo uno los lugareños.
Sin embargo, un alto dirigente saltó al paso con una aseveración un tanto más profunda. "Las mujeres tienen oportunidad, ya que es la colectividad la que las elige y así en la comarca las ha habido, no se trata de alguna ley especial, sino de quien cuente con la simpatía y la capacidad para el cargo".
Pero la mentalidad empieza a cambiar y prueba de ello es la inclusión reciente a ramas como la medicina, de representantes indígenas y hace poco tiempo otra dama dirigió la Comarca. Observaban atentas; su voz, cuando hablaban, era altisonante y denotaba un liderazgo.
En medio del intercambio con el dirigente, una mujer pide la palabra, pero sorpresa... sólo para apoyar a uno de los nativos propuesto minutos antes, algo así como "los gallos tapa"o que aparecen en medio del congreso, a petición popular".
ARRAIGO DE SUS COSTUMBRES
El hecho de que lo que se discutía era política no fue razón para que se dejaran de lado las leyes, que nacidas a lo interno de la comunidad, procuran conservarlas; celosos de su cultura y sus costumbres. No cabe duda que en el congreso supieron hacerlo.
Aspectos curiosos giraron alrededor de las elecciones; uno de ellos la figura regional de los "guardias voluntarios".
Bajo el intenso sol que calcinaba sus cuerpos descubiertos por el uso de taparrabos, un joven de la etnia, de unos 18 años, estaba en el suelo con las piernas abiertas y colocadas a la altura de las pantorrillas, en enormes tucos. Encima otro tronco grueso hacía presión. A simple vista parecía un castigo... y eso era.
Gotas de sudor cubrían el rostro del muchacho y no podría ser de otra forma porque para entonces era apenas la 1:30 de la tarde. Pero a pesar de ello una sonrisa, tal vez de vergüenza, ante la multitud que le observaba, hacía creer que la sanción no cumplía su cometido, lo que fue aclarado de inmediato.
Uno de los "vigilantes", quien nos solicitó que no nos acercáramos al "detenido", fue enfático en que se trataba de un tronco de gran peso y que las piernas llegan a entumecerse por las horas que lo soportan. El chico fue encontrado con otra indígena "en actitud sospechosa", respondieron "los guardias voluntarios", más adelante supimos que de esa forma definían un aparente coqueteo típico entre jóvenes de esta edad, pero para la etnia las leyes son las leyes.
Así pasan horas, cuatro y más, hasta que alguno de los que preside el congreso da la orden para que se les libere. Esta vez nuestro protagonista corrió con mejor suerte, ya que haber sido centro de atención de este medio por lo ajeno que vivimos la mayoría de los panameños a estos rituales, le valió la suspensión del castigo.
Para ese fecha ya otro adolescente y dos damas habían sido castigadas en el "cepo", como se le conoce a este "aparato de tortura". Las horas seguían pasando y las discusiones sobre el proyecto de ley también avanzaban, sin embargo, era evidente que resultaba más tentador conocer quién sería el cacique, que adentrarse en un tema que aún necesita el sí del gobierno.
La postergación de la elección para el domingo impidió la cobertura, hasta último momento, de la cumbre que había congregado a 680 indígenas, pero ello no fue motivo para que no se conocieran detalles de la pachanga que se arma al culminar el evento. Vecinos de comunidades como Camogantí y conocedores de las tradiciones que se guardan en estas actividades, coincidieron en que lo que sobra es licor, aunque durante el congreso les esté prohibido ingerirlo.
Sólo basta que se diga: "el nuevo cacique es..." y la parranda empieza, aseguraron. Y ello fue fácil comprobarlo. A dos días de reunión y a pesar de la gran cantidad de asistentes, todos se mantenían en sus cabales, todavía no había "traguitos" de más.
RUMBO A MANENE
En un área distante, a donde una lancha rápida no tiene acceso y el único vehículo permisible en estas corrientes es la piragua, las interrogantes sobre cómo ser anfitriones de más de 400 personas, sin contar a los lugareños, rondaban sin cesar, pero todo ello se sabría después.
El segundo día de congreso, el equipo de