Hoy día, existen muchos hombres y mujeres que se pasean por las diversas calles y sitios del país, sucios y en la miseria, tratando de sobrevivir.
Uno de estos casos es el de Francisco Castrejón, un joven de apenas 22 años, que luego del fallecimiento de su madre adoptiva y la ausencia de familiares, ha quedado en la más absoluta orfandad, situación que se complica al ser un paciente con parálisis cerebral infantil con severa deficiencia mental, lo que hace aún más difícil conseguirle un hogar.
Carente de familia y por ende sin ningún tipo de ingreso económico y un hogar en donde vivir, pues la casa que habitaba con su madre se encuentra en terrenos que pertenecen al Ministerio de Vivienda (MIVI), Francisco pasa los días en una cama del Hospital Nicolás Solano, en La Chorrera, donde recibe atención médica y es alimentado por el personal de este centro de salud.
Francisco fue encontrado por miembros del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) de La Chorrera, en una casa ubicada en la comunidad de Naos, en el corregimiento de Barrio Balboa, al lado del cadáver de su madre adoptiva -con varios días de fallecida-, luego que vecinos del lugar percibieran el olor del cuerpo en descomposición.
Una vez fue trasladado a este centro hospitalario, el equipo de Trabajo Social ha intentado conseguirle un hogar a este joven, gestiones que han hecho ante el Hogar de las Hermanas de Calcuta, que indicaron que no hay cupo, igualmente se contactó al Ministerio de la Familia, que tampoco le proporcionó una respuesta positiva.
En el Hospital de Palo Seco los directivos dijeron que no pueden recibirlo, siendo igualmente negativa la respuesta de la Cruz Roja.
La historia de Francisco se remonta a cuando fue abandonado en el Hogar de las Misioneras de Calcuta, en donde permaneció hasta los cinco años, desconociéndose las razones o el procedimiento que se utilizó para que la señora Nelly Quintero D. (madre adoptiva), lograra sacarlo de allí; lo cual resultó inexplicable cuando es sabido que se necesita de una autorización para ello.
Una respuesta podría ser que las religiosas permitieran la adopción, lo que no resultaba conveniente, tomando en consideración que la señora Nelly no estaba mentalmente en condiciones de "criar" o "socializar" al niño, lo cual realizó por espacio de 22 años.
De allí era común para los chorreranos ver a esta señora, que caminando delante era seguida por el joven, que mantenía una mano en el hombro de su "madre", puesto que Francisco es ciego y según los exámenes médicos que le han practicado sólo logra ver "bultos". Ello hace suponer que durante el tiempo que permaneció al lado del cadáver de su madre no se alimentó.
Un diagnóstico social realizado por personal del Hospital Nicolás Solano indica que Francisco es una persona que para todo dependía de su madre adoptiva, lo que muestra que la "socialización" que ella le proporcionó no fue la más adecuada, ya que trató de sobreprotegerlo, para que las autoridades no intervinieran y se lo quitaran. Esto trajo como consecuencia que el joven no tuviera la oportunidad de rehabilitarse.
Francisco logra escuchar, lo que fue constatado al estar repitiendo algunas frases que la señora le decía. Durante horas de la noche se la pasa sentado, realizando movimientos rítmicos con la cabeza (de arriba hacia abajo), por lo que ha tenido que ser acostado, para lo cual se le han administrado medicamentos como "Haldol" y "Sinogan".
Los galenos que atienden a Francisco concuerdan en que el principal problema es que en el país no existen instituciones que alberguen discapacitados, por lo que en un principio se apeló a la buena voluntad del Hogar de Calcuta de donde fue sacado inicialmente.
Agregan que es preocupante que Francisco permanezca hospitalizado, puesto que un hospital no es el lugar indicado para él, toda vez que siendo un discapacitado corre el riesgo de enfermarse o morir.
Como un último recurso se ha solicitado ayuda a la primera dama Ruby Moscoso de Young, de modo que se pueda ubicar a Francisco en alguna institución, tomando en consideración que mediante el Despacho de la Primera Dama se pueden obtener mejores resultados.
Sin embargo el caso de Francisco no es el único, actualmente, en el distrito de David, se da uno de los grandes panoramas de miseria y necesidad, que se reflejan en los rostros de ancianos que por medio de una limosna, una bolsa de recoger basura, tratan de subsistir ante los retos que les ha impuesto el destino.
En el diario caminar, se observan personas que en medio de la soledad buscan conseguir por lo menos una migaja de pan, o cualquier cosa que les alumbre la penumbra a la que están sometidos.
Este cuadro se reflejan, en su mayoría los ancianos, que tal vez por el descuido de sus familiares se han visto envueltos en la necesidad de pedir limosnas y andar en las más miserables vestiduras.
Son seres criticados y castigados con la mirada de indiferencia, ya que para muchos no valen nada; pues la falta de recursos los ha obligado a vivir en un mundo que los pudientes desconocen.
Sus vestimentas son claros reflejos de una vivienda inexistente y la falta de un lugar para asearse, sin embargo, entre tanta suciedad y desarreglo llevan consigo sus objetos más valiosos, o por qué no decirlo, sus principales y únicos bienes.
Son personas necesitadas de amor, atención y aliento de esperanza, personas que durante mucho tiempo han vivido en total abandono, quienes se enfrentan a una cruda realidad en la que no tienen casa, comida ni ropa adecuada que vestir, y no poseen ni siquiera una moneda para tomarse un café.
Uno de los mendigos cuenta que sus hijos lo abandonaron, dejándolo en "la soledad de su silencio", pues hoy día no cuenta con un techo donde refugiarse, ni con una voz amiga que le salude.
Tal vez, su único amigo sea un perro fiel, el compañero de las noches tristes cuando renacen aquellos momentos cálidos en el que la sociedad los aceptaba y su familia los necesitaba.
Estos ancianos transitan por las calles de David, en espera de un milagro, mientras buscan entre la basura algo de comer o algún objeto que puedan vender para calmar su hambre.
Esta realidad es de todos porque son hombres que andan por las calles sin rumbo alguno, donde el olvido de sus familiares los ha llevado a convertirse en las personas más indignas de la sociedad.
Hay que recordar que no sólo son seres abandonados y cargados de malos olores, sino que son personas con derecho a la vida, la cual ha sido otorgada a todos como gracia de Dios, quien nos creó a su imagen y semejanza.
Estas personas atraviesan el destino con la esperanza de poder sobrevivir en medio de las necesidades que posee cada uno.
Una realidad que por sí sola se presenta con el devenir de los días, son estas personas, las que por años han sido blanco del menosprecio de muchos y de la indiferencia de los que más tienen.