Con una cuerda amarrada a sus pies y atada a un árbol, un viejo suéter cubriendo su cuerpo y saboreando en el suelo un modesto almuerzo, encontramos a Carlos Pittí, un joven enfermo residente en la comunidad de Exquisito Arriba, quien durante 29 años ha vivido una verdadera tragedia.
A nuestra llegada al lugar, causó tristeza y dolor ver la forma desesperada como el joven digiere los alimentos y la decepción que muestra, cuando no observa en el plato algún pedacito de carne o simplemente, que la comida se acabó.
De manera repentina y estando aún muy pequeño, Carlos sufrió una extraña recaída que más tarde lo hizo perder el habla, padecer retardo mental y epilepsia, lo que convirtió su vida en un calvario.
Desde hace aproximadamente 24 años, el ingenuo joven que nunca ha tenido un par de zapatos, permanece atado a una cuerda, de la cual no se le libera ni para dormir.
Ya sea en el interior de la casa o en el patio, pero siempre amarrado, el desafortunado ser humano hace sus necesidades fisiológicas, porque su enfermedad no le permite distinguir, sentir o saber cuando tiene una necesidad y qué quiere.
El pasado mes de marzo, Carlos fue recluido con carácter de urgencia en el Hospital Regional Rafael Hernández de la ciudad de David, producto de la desnutrición severa, que le ocasionó vómitos y diarrea.
Después de soportar por espacio de 15 días las ataduras a una cama, a éste se le podían contar cada una de sus costillas, mencionó su madre.
Aunado a la enfermedad de éste, en ese hogar compuesto por ocho pequeños y una señora, lo que más prevalece es la pobreza, ya que nadie trabaja y viven por la voluntad de Dios.
La infortunada madre Benita Miranda, expresó que muchas veces tiene que pasar mucho trabajo, puesto que cuando hay algo de dinero comen, pero cuando no lo hay, sólo les queda aguantar.
A la calamidad de esta familia, se suma la necesidad de la niña Johana Karina Pittí de 6 años, (hermana de Carlos), quien desde hace cinco años está requiriendo de una botas ortopédicas, que aún no han llegado.
La humilde vivienda está construida por bloques y cañazas, no poseen estufa, ni lavadora; carecen de baño, muebles, y demás; el techo de la casa está lleno de agujeros y sólo cuentan con una deteriorada letrina que está a punto de desplomarse.
Como si fuera poco, el único artefacto electrodoméstico que existía (un televisor), de un día para otro amaneció dañado y ahora tanto Carlos como el resto de los niños no cuentan con ningún medio de entretenimiento.
Contrario a lo ocurrido en otros hogares, los integrantes de la familia Pittí Miranda no pueden celebrar la Navidad.
Entre sollozos y con muestras palpables de desesperación, la preocupada madre Benita lamentó el momento en que sus inocentes criaturas le pidieron algún regalito el pasado 24 de diciembre y ella no pudo satisfacer sus gustos.
Con la voz entrecortada, Benita imploró a las autoridades y a todo aquel que esté en capacidad de ayudar, que lo hagan en el menor tiempo posible, ya que Carlos necesita alimentarse bien y contar con un medio que le permita tener mejores días.
De igual forma, solicitó a los corazones generosos que la ayuden a construir una cerca en los alrededores de su casa, para que su hijo pueda gozar de libertad y no permanecer como cualquier delincuente que está preso.