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Luego de un paro respiratorio el niño estuvo muerto durante media hora


Muchas veces, observamos a nuestros hijos corriendo, saltando, llenos de salud y vida, y en esos momentos nosotros como padres, no podemos pensar que de la noche a la mañana, el destino nos juegue una mala pasada y cambie por completo esa tranquila escena, este es el caso de Balbino Arango y Amelia Castillo, padres del hasta ayer inquieto Juancito, un risueño y hermoso niño, que hoy está postrado en una cama del Hospital José Domingo De Obaldía, con sus lindos ojos negros mirando hacia el cielo, sin pronunciar palabra, y al cuidado de su diligente madre.
Esta es la triste realidad de Juan, quien hasta noviembre del pasado año, era el compañero de juegos incondicional de su pequeño hermano, pero por cambios del destino o quizás por errores humanos, su hermano tendrá que jugar cerca de su cama de enfermo o a la diestra de su silla de ruedas, esperando que un milagro de Dios, cambie la suerte de su querido hermano.
INDICIOS DE LA ENFERMEDAD
Balbino cuenta que su hijo, sólo tenía problemas de estrabismo, situación que se le arregló al utilizar unos lentes especiales, pero en mayo de 1999, como a las 3:00 de la tarde, éste mandó a su hijo a que tomara una siesta, porque siempre estaba jugando y era bueno que el descansara un poco.
El niño le obedeció, momentos más tarde escuchó que alguien golpeaba la ama, y al fijarse en el lecho de Juan, vio que se le estaban torciendo las manitos, evidencia de un ataque epiléptico, por lo que de inmediato trasladó al niño al Hospital José Domingo De Obaldía en David.
Los galenos decidieron hospitalizarlo, le practicaron diversas pruebas, entre ellas un electroencefalograma, fue entonces que la neuróloga les manifestó que se trataba de un pequeño grupo de células que se habían unido y que le habían provocado un choque, y le prescribieron hacerle un CAD, pero como no tenía dinero, empezó a ahorrar para proceder a efectuarle el examen.
No obstante, el niño continuó con su tratamiento, pero en octubre de ese mismo año, Juan se estaba lavando las manos y le repitió el ataque epiléptico, por lo que fue llevado nuevamente al hospital, donde se le hizo el CAD, que evidenció que tenía un pequeño tumor en la cabeza.
Luego de ello, los galenos indicaron que tenían que hacerle una resonancia magnética en Panamá, lugar donde fue llevado en noviembre, y en ese viaje su padre cuenta que Juan estaba entusiasmado con la aventura, porque conocería el Puente de las Américas.
A los quince días de estar en Panamá, en el Complejo Hospitalario Metropolitano, Juan habló por teléfono con su papá a quien le encomendó que le retirara su ahorro de Navidad, porque compraría sus juguetes en la ciudad capital.
Pero luego de toda su alegría por recibir la visita de su papá y de su hermanito, su condición empeoró, registrando altas temperaturas, y los médicos sólo le recetaban acetaminofen, le inyectaron antibióticos, pero todo era en vano. El 8 de diciembre el niño vomitó sangre, pero no pudo ser atendido, porque no habían médicos disponibles.
El día siguiente neurólogos e infectológos le realizaron diferentes exámenes y ordenaron su traslado a la sala de infectología.
Una vez establecido en el lugar, le sobrevino un paro respiratorio, por lo que fue trasladado a Cuidados Intensivos, pasado algunos días tuvo una leve mejoría y comenzaba a hablar, pero hasta el momento no se les informaba realmente lo que sucedía con su hijo, todo era manejado con cierto misterio.
Luego de pasar tantos momentos de crisis y que los médicos le informaran que el menor tenía una malformación de nacimiento, se les comunicó que el niño había adquirido una infección nosocomial, que le provocó la epilepsia y sangrado, paros respiratorios, por el que estuvo clínicamente muerto durante media hora.
El último paro respiratorio, le afectó la mitad del cerebro y lo postró en una cama, desde donde quizás escuche las dulces palabras de su madre, moviendo apenas sus deditos y sus grandes ojos negros.
EL AMOR Y LA ESPERANZA DE LOS PADRES
Actualmente, la vida de los esposos Arango Castillo gira en torno a una sala del Hospital José Domingo De Obaldía, lugar donde su hijo, al que los médicos no daban esperanzas de vida, se encuentra recluido.
Balbino Arango, trabaja como mecánico en una compañía vendedora de autos, pero su esposa, siempre está al lado de su hijo, cuidándolo, con las esperanzas puestas en Dios, de que el niño mejore.
Balbino destacó que su hijo ha tenido una mejor evolución en el hospital chiricano, porque el trato del personal médico es de calidad.
No obstante, indicó que el mayor problema que enfrentan, es que no cuentan con un hogar propio, para cuando su hijo salga del hospital, porque en las condiciones en que se encuentra Juancito, no pueden alquilar cualquier casa, ya que se le debe procurar las mejores condiciones higiénicas, además, es necesario conseguirle una silla de ruedas.
Otro gasto fijo que tienen los Arango, es la compra de pañales desechables, gastos que ascienden a más de B/. 50 quincenales.
DIAGNOSTICO MEDICO
La doctora que atiende a Juan, es la infectologa pediatra, Thirza De León, quien manifestó que el niño padece una parálisis cerebral severa, con retardo en el crecimiento y que el pronóstico médico es muy pobre, sin embargo, se le están haciendo sus terapias en el Hospital Regional Rafael Hernández, para lograr que tenga algún grado de evolución.
Juan Arango Castillo, un niño de 11 años, cursó hasta el quinto grado en la Escuela de Llano Grande Arriba de Las Lomas, distrito de David y siempre se le recuerda por su espíritu juguetón y su compañerismo, sólo queda una elevar una plegaria a Dios, para que Juan mejore su condición física y que alguna alma caritativa ayude a estos amorosos padres a que consigan un terreno para construir una vivienda adecuada para sus hijos.


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46143
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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