Usuarios del transporte colectivo de comunidades de Panamá Oeste, que viajan cotidianamente hacia la capital y retornan el mismo día a sus hogares, viven un permanente calvario.
Oscar Solís, de El Llano de Arraiján, labora en un local comercial de Río Abajo, en el que gana $400, de 8 de la mañana a 4:30 de la tarde, por lo que debe trasladarse a la ciudad de Panamá.
Tragedia diaria
A las 5 de la mañana, aún asueñado, Oscar camina hasta la Interamericana, donde pasan autobuses del interior y taxis piratas.
Ya en la parada encuentra que muchos autobuses pasan de largo porque están repletos, al igual que los taxis piratas. Pero siempre espera lo más que puede por un bus que lo lleve, aunque sea apretujadamente, pues le sale más económico que los transportes ilegales.
El recorrido hasta El Chorrillo es desesperante, ya que la cola de carros es interminable antes de alcanzar el Puente de las Américas. A veces la travesía dura un par de horas.
Ya en Panamá, se baja en la Avenida de los Mártires y camina hasta la Plaza 5 de Mayo. Allí encuentra que los metrobuses no pasan con la frecuencia debida, así que forma una fila y cuando sube a uno, descubre que no tiene saldo. Baja nuevamente a recargar, pero no hay locales funcionando. Por suerte, un amigo le presta su tarjeta, hace nuevamente la fila, y aborda el bus que lo lleva a su destino. Solís ve por enésima vez su reloj y, pese a sus esfuerzos, vuelve a llegar tarde, la reprimenda no se hace esperar, y el descuento al final de la quincena, tampoco.
El retorno al hogar es parecido. Sale después de la 4:30 de la tarde y se mantiene largo tiempo en Vía España, pues los buses pasan llenos. Cansado toma un bus repleto hasta Albrook, en donde tiene que formar otra larga fila y cuando piensa que está por abordar, se entera de que “no hay buses en la piquera”, lo que lo induce a tomar otra ruta, de La Chorrera o Capira, que lo deja en la Interamericana. Allí, o toma un taxi o camina hacia su residencia. Ya en su hogar, exhausto, no tiene ánimo para conversar con nadie, solo desea dormir para enfrentar el viacrucis al día siguiente.
Posibles soluciones
Varias opciones se han planteado para aliviar el problema de movilización hacia y desde el oeste de la provincia de Panamá, como una tercera línea del Metro, usando un monorriel que llegue hasta La Chorrera o la construcción de un nuevo puente y una vía que se extienda hasta un punto intermedio entre Sajalices y Chame, bordeando la costa.
Abel Rodríguez, ingeniero civil y exviceministro de Obras Públicas, opina que para solucionar el problema, debe emprenderse una tarea de reingeniería vial y abrir una vía que una el Puente de las Américas, atraviese la costa, llegue a La Chorrera y se empate con Capira y San Carlos, hasta el aeropuerto de Río Hato. Otra alternativa podría ser que la vía salga del puente, se una a Veracruz por la costa, toque Puerto Caimito, con la alternativa de llevarla hasta sitios turísticos de Coclé. “En ambos casos, el descongestionamiento vehicular hasta Panamá sería inmediato ”, afirmó.
Todo parece indicar que la congestión en la entrada de Arraiján se debe a que, por ser más económica, la mayoría de los conductores y transportistas prefieren la ruta del Puente de las Américas y descartan el puente Centenario.
El vicegobernador de la provincia de Panamá, Manuel Hernández, explicó que hasta tanto el Gobierno tome la decisión final, las rutas existentes deben organizarse mejor, y aún cuando no se está de acuerdo con los “piratas”, para paliar los problemas que afrontan los residentes del oeste, debe otorgárseles permisos temporales, ya que llenan un vacío que los buses de ruta, por falta de unidades, no cumplen.
Ello, dijo, debe ir de la mano con una regulación efectiva de la tarifa que cobran para acabar con las especulaciones que perjudican al usuario. La tarifa mínima que cobran los piratas es de $1, sin embargo, dependiendo de la hora y del volumen de pasajeros, aumenta hasta $3.