Hace aproximadamente dos años y medio, que en la provincia de Colón se escuchaba hablar de rencillas de las llamadas "bandas enemigas" que se disputaban el poder por la venta de drogas, los asaltos, las violaciones, entre otros delitos, lo que preocupaba a la comunidad que no podía resolver el problema.
Las planas de los periódicos de circulación nacional se convirtieron en informadores de noticias violentas que ocurrían en ese sector del Atlántico, por que la agresividad de los jóvenes pandilleros se daba con mucha frecuencia. Las muertes ocurrían sólo porque uno miraba mal al otro.
Caminar por una calle donde vivían bandas contrarias resultaba un verdadero peligro, no había un miembro de pandillas que no tuviera su arma de fuego, que utilizaba sin importarle con otras personas que no estaban involucradas en las peleas callejeras; herían a transeúntes inocentes.
Después de varios intentos, el 15 de abril de 1998, la Iglesia de Dios, a cargo del pastor José Pimentel, logró reunir en un encuentro religioso a más de 300 jóvenes, quienes pertenecían a diferentes pandillas.
La idea de reunirlos resultaba un poco complicado, considerando que quienes integrarían el movimientos no soportaban verse. Sin embargo, por medio del diálogo los jóvenes se sentaron juntos con el fin de buscar un cambio, con la esperanza de una plaza de empleo.
Piers Blandón, ahora dirigente del Movimiento de Rescate de la Juventud Colonense era uno de ellos. Un temible pandillero de la banda de calle 3, que se dedicaba a los asaltos a mano armada con otro grupo de sujetos.
Según relata Blandón, logró que más chicos de la calle también se integraran al grupo, con lo cual, vieron que esta idea representaba una oportunidad en la pacificación de las calles en Colón.
Al igual que Blandón se unieron pandilleros muy agresivos que formaban parte de bandas conocidas como Vaticano, los Murciélagos de la calle 8, la Banda del Norte, del Mabú, la Unidad, entre otras, que tenían su modo de operación distinto y se identificaban por medio de tatuajes con pistolas, las cejas entre cortadas, y el vestuario llamativo con pantalones "estilo Cantinflas" con camisetas al revés.
Según investigaciones, estas pandillas habían nacido dentro de las cárceles de esta provincia. Entre ellos la ley del más fuerte prevalecía; mientras que el más débil lleva las de perder, y el que cometía un delito e ingresaba al penal estaba consciente que tenía que luchar para sobrevivir .
Las actividades que se realizaron en ese tiempo fueron muchas, dentro de los Centros de Rehabilitación, las requisas de armas fabricadas por los reclusos eran constantes, habían muchos que tomaban la decisión de entregarlas voluntariamente.
Así mismo, algunos reclusos que salían de pagar condenas se unían al Movimiento de Rescate, pero no duraba mucho, puesto que nuevamente regresaban a las celdas por otros delitos.
Los miembros del grupo además recibieron las capacitaciones técnicas por parte del Instituto Nacional para la Formación Profesional (INAFORP) en carreras técnicas como chapistería, albañilería, construcción, carpintería, soldadura, entre otros.
Para el pastor Pimentel, la ayuda que se necesita por parte de los empresarios ha sido nula, sólo han recibido del Proyecto Colón 2000 respuestas a los programas que llevan adelante, por medio del Remozamiento de Viviendas que iniciará en este mes.
Por su parte, Blandón, dirigente de los ex pandilleros se siente frustrado, "el gobierno no ha cumplido en ningún aspecto con nosotros pese al cambio que hemos demostrado, nuestros compañeros no tienen qué llevar a sus hogares, sobre todos quienes tienen hijos que mantener, como es mi caso".
Estos jóvenes ahora pertenecen al Movimiento de Rescate de la Juventud Colonense y consideran que protestando pacíficamente pueden lograr que los tomen en cuenta para trabajar.
Según el Subcomisionado Guillermo Caballero, las bandas ya no existen como tal, puesto que con el trabajo que han hecho todas las autoridades de este sector del Atlántico, las iglesias y grupos cívicos han preferido abandonar la actividad delincuencial para integrarse a la sociedad y ser aceptados, los delitos que se registran son aislados y han disminuido, aseguró el funcionario.
Los ex pandilletos piden que este gobierno los atienda, por que indican que han cumplido con el pacto de la paz, "no queremos regresar a la vida de los delitos para mantener a nuestras familias, esa no es la intención, queremos ser parte del desarrollo de nuestra provincia, sólo necesitamos que se nos escuche", dijeron.