El 90% de las tentativas de suicidio no tienen origen en ninguna enfermedad mental o médica, sino responden a una reacción ante una situación difícil que no pueden manejar debido a alguna carencia en el desarrollo de la personalidad, tal como lo explicó el doctor Carlos Córdoba, jefe del Departamento de Psiquiatría del Hospital Anita Moreno, donde se atienden estos casos.
Una investigación realizada por un grupo de estudiantes de la Universidad Tecnológica de Azuero, con sede en Los Santos, revela que del 2001 al 2002 se registraron 66 intentos de suicidio.
La edad promedio fue entre los 26 años, mientras que quienes se suicidaron, están entre los 19 años.
Todos los casos llegaron al Hospital Anita Moreno de La Villa de Los Santos por ser éste el centro hospitalario especializado en estos casos.
El Dr. Moreno señaló que los individuos con mucha dependencia, sin capacidad para tomar decisiones importantes en la vida, con personalidades muy pasivas o el gran grupo de adolescentes que aún no alcanza la madurez, son el común denominador en los casos de intento de suicidio en esta región del país.
Indicó que en los casos atendidos se pudo detectar que el alcohol era el detonante de los intentos suicidas, tomando en cuenta que es una región con un registro de consumo considerable.
Además, porque pacientes que nunca habían pensado en matarse, una vez que ingirieron alcohol, comienzan a darle vuelta a esta idea y llegan a cometer el intento.
Manifestó que este negocio le está haciendo mucho daño a la sociedad, porque la gente compra el licor y lo ingiere sin medir las consecuencias tanto en lo físico como en lo emocional.
De acuerdo con Córdoba, existe un 10% de personas que comenten un intento suicida, producto de alguna enfermedad física o mental y, aunque estos son casos de mayor consideración, el momento en que un ser humano decide acabar con su vida y no lo consigue, requiere de una evaluación psiquiátrica para poder diagnosticar la causa de este comportamiento.
Al consultar a las autoridades del Ministerio Público, quienes se encargan de realizar las investigaciones de los casos en Herrera y Los Santos, informaron que las estadísticas son muy elevadas con respecto a los suicidios que se dan en ambas provincias.
Eduardo Guevara, fiscal Superior, indicó que "las cifras de los suicidios fueran aún mayor, si las personas no hubieran sido sorprendidas por otras que les prestaron auxilio y evitaron la muerte. Pero sostuvo que "la mayoría de los que intentan suicidarse, queda con la idea fija en sus cabezas y muchos de ellos materializan el suicidio".
En el año 2005, la mayor cantidad de muertes por suicidio se registró en el mes de octubre, con 22 casos.
En el 2006, en el mes de julio, se suscitaron 12 casos.
Y en el 2007, en febrero, se suicidaron 14 personas.
La tasa más alta se registra en la provincia de Herrera con 13.7 personas por cada 100 mil habitantes; Los Santos con 13.5; Coclé con 11.3 y Bocas del Toro con 10.7.
El fiscal Guevara advirtió que si no se adoptan las medidas necesarias para contrarrestar el suicidio, seguirá aumentando el número de casos.
Señaló que una forma de prevenirlos es que Salud Mental implemente programas en la radio y en los periódicos donde los invite a participar de charlas.
El fortalecimiento de la fe, por parte de las iglesias, también contribuye a que las personas le den el verdadero valor y sentido a la vida, porque sólo Dios puede quitarla.
Los informes que llegan a las instancias judiciales por parte de las personerías revelan que en los lugares donde mayormente se presentan los intentos de suicidios son las áreas rurales. Algunas de estas son Tonosí, La Espigadilla, Macaracas, Las Minas, Los Pozos, Las Tablas y Chitré.
La mayoría de las personas que intentan quitarse la vida, lo hacen mediante los pesticidas, ahorcamiento y disparos con arma de fuego y en su mayoría son hombres.
Según revelaciones de sacerdotes que atienden estos casos, posteriormente al intento las personas se arrepienten y no desean morir.
Un sacerdote nos comentó como una joven después de haber ingerido un químico, agarraba su mano y le decía: ¡"Padre: no quiero morir"!, pero después de recibir los santos sacramentos murió.
Ahora corresponde a las autoridades de salud, eclesiásticas y esencialmente la familia, elevar los valores morales para prepararlos a fin de que puedan enfrentar los problemas.
El sacerdote Francisco Iturbe, de la Parroquia Ntra. Sra. Del Rosario, dijo que el suicidio es la consecuencia de la pérdida de valores y el vacío hacia donde se ha ido orientando la educación de los jóvenes.
Señaló que el consumismo y el disfrute desordenado de los supuestos placeres como el sexo, el alcohol y otros son parte del detonante para esta conducta.
Por eso es importante que la gente tenga una conciencia real sobre el valor de la vida y los principios morales que deben regirla.
Lamentó que los jóvenes encabecen los grupos vulnerables, indicando que esto es parte del bombardeo del que son objeto, partiendo de que hay jóvenes que a los 13 y 14 años ya han disfrutado de relaciones sexuales.
Alegó que de allí siguen el consumismo sin alcanzar la madurez y cuando llegan a una edad mayor se dan cuenta que no tienen nada y es allí donde comienza el descontento con la vida.
Indicó que hay que unir esfuerzos para erradicar estos comportamientos y promover los valores.