Héctor tuvo una infancia normal dentro de su pobreza, en una familia de 12 hermanos, pero el destino el tenía preparado muchos retos al punto que hoy día espera ansioso que Dios le dé una nueva oportunidad de seguir disfrutando de la vida, como ya lo hizo una vez.
Corría el año de 1994 cuando a Héctor Ortega, le detectaron problemas en los riñones y de su natal Aguadulce tuvo que ser trasladado a la ciudad capital para realizarse unos exámenes, los que confirmaron que su problema era crónico.
"Cuando me detectaron la enfermedad ni yo me aguantaba, me tenían que agarrar para ir a Panamá a hacerme las diálisis, eso fue muy duro", explicó.
La vida para Héctor no ha sido fácil, desde pequeño vivió sumergido en la pobreza al igual que sus 12 hermanos, quienes dormían en el suelo entre los chinches, de donde cree que radica su enfermedad.
El único de los seis hermanos de madre, y seis de padre, que padece de este mal. Fue un golpe muy duro. Cuando le informaron el diagnóstico sintió que le echaron encima un balde de agua fría, pues había formado una familia, junto a su esposa e hija.
Al ver su sufrimiento, luego de un año de diálisis, su hermano mayor se sometió a las pruebas de compatibilidad para donarle uno de sus riñones. Fue así que el trasplante se realizó en el Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social.
Para "Chombo", como se le conoce a Héctor, es una cosa muy bonita el gesto de su hermano, quien lleva una vida normal.
Sin embargo, la vida lo puso de nuevo a encarar su problema, porque el tiempo de funcionalidad del órgano donado es de 10 años, período que ya se venció. Nuevamente es paciente de diálisis en el Hospital Regional doctor Rafael Estévez de Aguadulce.
Esos 10 años para Ortega fueron una maravilla, ya que hizo su vida normal, trabajaba, se alimentaba como cualquiera persona, pero no se esforzaba tanto, y se controlaba con medicamentos.
"Fue una maravilla, una cosa muy bonita, lo que le sucedió". Le agradece a Dios esa oportunidad y batalla por otra, ahora que sufre el rigor de la diálisis, como de sus consecuencias.
Una de ellas es el limitado consumo de agua, porque esta es medida y no puede tomarse aunque el cuerpo lo demande, producto del sofocante calor. Por ello se baña casi rayando las 5:00 p.m., hora que le corresponde estar en el hospital para hacerse la diálisis, tres veces por semana.
Ahora ha sabido superar más los efectos, porque la experiencia lo ha ayudado.
El resto de los hermanos de "Chombo" no se han hecho las pruebas de compatibilidad ya que como él dice: "en estos casos no hay forma de que yo se los pida, sino que esto ya es conciencia de ellos".
Héctor Ortega está a la espera de un donante compatible, pero piensa que es muy duro por la cantidad de personas en lista de espera.
Para Héctor, quienes se someten al proceso de hemodiálisis, tienen la vida en un hilo porque están allí, en esas máquinas, cuatro horas, y sufren calambre.
Lo que no se sabe, según Héctor, "es que si el día que te conectas sales o no: sólo hay que encomendarse a Dios".
Otras de sus preocupaciones es que quienes han recibido un trasplante de órgano, no tienen mucha facilidad de conseguir trabajo, y los empleadores tienen la idea errónea que no rinden al 100%.
La Ley 55 del 12 de diciembre de 1995 facilita la extracción de órganos de los pacientes con muerte encefálica en Panamá, sin la necesidad de solicitarlo a los familiares.
Por cultura y para evitar conflictos legales siempre se solicita a los mismos el permiso para obtener los órganos de su familia.
Aproximadamente del 50 por ciento de las muertes encefálicas terminan como donantes, el otro no.
En muchos casos la negación es porque el paciente no manifestó en vida que quería ser donante.
Por una oportunidad más
Un joven aguadulceño, quien pide a sus semejantes que cuiden su salud.