Propietarios de fincas aledañas a la entrada del vertedero de Changuinola en Bocas del Toro, cerraron el paso a camiones, como medida de fuerza para impedir que sus cosechas se deterioren.
Los quejosos aseguraron que la gran cantidad de vehículos que ingresan van arrojando desperdicios por el área, los que algunas veces llegan a parar a sus sembradíos.
Los manifestantes procedieron a colocar postes y alambres de púas en la entrada para evitar el paso de cualquier persona o vehículo.
Al respecto, Filiberto Red, propietario de una finca, aseguró que la decisión se tomó luego que las autoridades municipales hicieran caso omiso a la advertencia de que sus tierras están sufriendo graves daños, al igual que algunos afluentes, que anteriormente abastecían de agua a varias familias, en su mayoría indígenas.
Por su parte, Samuel Palacios, alcalde de Changuinola, reveló que este problema lo han venido confrontando con administraciones anteriores, sin que hasta la fecha se le busque solución.
El funcionario adelantó que han iniciado conversaciones con el señor Red, en donde posiblemente se presente como única alternativa, el utilizar el balastreo, vía que conduce igualmente al vertedero.
Además se les exigirá que los camiones lleguen hasta el final y que no se bote la basura a medio camino, tal como se venía efectuando, sostuvo Palacios, al tiempo que advirtió que cualquier persona que infrinja esta disposición será sancionada.
Añadió que por el momento la basura generada por comerciantes y particulares se está depositando en un antiguo vertedero improvisado localizado en la ribera del lugar conocido como Balas Pit.
Ante esta situación, residentes, Organizaciones No Gubernamentales (ONG) ambientalistas y demás autoridades locales promovieron la eliminación del lugar, dado que se estaba causando un grave daño ecológico a la vertiente producto de los químicos tirados en el lugar.
El funcionario precisó que las autoridades ordenaron la limpieza y reforestación del lugar, sin embargo, pasados unos meses incurrieron en la misma anomalía de tirar desperdicios, lo que constituye un peligro a la salud de cientos de personas que consumen agua de los afluentes.