Al cumplirse 10 años de la invasión de Estados Unidos a Panamá, es importante recordar a personas que aunque formaron parte de nuestra historia, han pasado desapercibidas por los gobiernos de turno, siendo recordados únicamente por sus seres más queridos.
Ese es el caso de la desaparecida Jovina García, que hasta el año 1989 ostentaba el cargo de representante del corregimiento de Hurtado en La Chorrera, y que como muchos otros panameños murió creyendo en sus ideales, al igual que José Espinoza, posición que pocos aún logran entender.
Los ideales nacionalistas que siempre se mantuvieron vivos en Jovina García, quien junto con otros chorreranos, llegó a formar parte del grupo de batalloneros que lideraba el ex dictador Manuel Antonio Noriega, nunca fueron compartidas por sus hijos.
Agustín Enrique García, aún mantiene intactos los momentos cruciales que le tocó vivir junto a su madre, aquel 19 de diciembre cuando apenas se daban las primeras señales de la invasión, esta valiente mujer decide ir a los cuarteles a ponerse al servicio de la Patria, como solía decir.
"Nosotros viendo la situación que se presentaba le dijimos a mí mamá que no fuera al cuartel porque ya esa no era una amenaza sino una guerra declarada por parte de una gran potencia contra Panamá, pero ella dijo que iría porque ese era el momento en que la Patria la necesitaba", manifestó su hijo.
UNA TRISTE NOTICIA
A pesar de las fuertes discusiones no le quedó más remedio que llevar a su madre hasta el cuartel de La Chorrera, donde al dejarla, ésta le dijo las últimas palabras que escucharía de su boca, "toma este cheque, de B/. 300.00 y otro dinero en efectivo, llenen los carros de combustible y compren suficiente comida, porque no sé cuando regrese".
Se retiró del lugar a comunicarle la decisión de su madre al resto de los hermanos, lo que provocó mucho disgusto entre todos, "porque se sabía que la cosa estaba fea". A las 5:00 de la mañana del 20 de diciembre, recibieron la infausta noticia que su madre Jovina García había muerto en Arraiján, "en un vil asesinato de los gringos, porque mi madre no llevaba ni un biombo para defenderse", subraya su hijo Enrique García.
Advierte, que en todo momento sus hijos se opusieron a que ella continuara su militancia dentro de los batalloneros, porque era obvio que en un enfrentamiento con Estados Unidos, Panamá perdería.
Por su parte, Camilo Chong, quien iba a bordo de un vehículo del entonces IRHE, junto con el conductor Eduardo Guzmán, Osvaldo González Polo, Rebeca Rivera, Bertoldo Rodríguez, Jovina García y José Espinoza, éstos dos últimos ya muertos, nos relata parte de ese trágico 20 de diciembre.
Antes de llegar a la autopista Camilo y sus acompañantes hicieron un alto en el cuartel para recoger a Jovina y otra persona que deseaba ir a Arraiján, pero al llegar al peaje se encontraron que las luces estaban apagadas. No había nadie, todo estaba desolado.
Sin embargo, Jovina les pidió que ya que estaban allí llevaran al señor que se había quedado sin transporte hasta Arraiján, siguieron entonces, pensando según comenta Camilo, que lo que estaba sucediendo era solamente en el Cuartel Central. Sin embargo, a la altura de donde estaba el antiguo Bohío Turístico, se encontraron con los soldados norteamericanos, todos apostados a orillas de la carretera, que estaba cerrada con tanquetas. Todo estaba oscuro, por lo que Guzmán con mucha cautela procedió a dar la vuelta y fue entonces cuando escucharon la voz en inglés y español, con la que los gringos le daban la voz de alto, relata Camilo Chong.
Cuando ellos pensaban que todo había pasado y procedían a alejarse del lugar, inesperadamente sintieron el primer cañonazo de una tanqueta, que provocó la muerte instantánea de Jovina García y José Espinoza.
xxxEl benemérito cuerpo de bomberos de Arraiján, les negó los primeros auxilios, a pesar de haberse dado cuenta que habían heridos. El impacto fue tan fuerte que reventó el auto del IRHE en su parte trasera, dejando un boquete de casi 60 centímetros de ancho.
Guzmán, condujo rápidamente para escapar de las ráfagas de las metralletas. Al percatarse de la realidad vieron el cuerpo ya sin vida de Jovina que yacía sobre las piernas de otro compañero y a José Espinoza que todavía agonizaba y murió poco después de llegar al hospital Nicolás Solano.
Camilo, quien actualmente tiene limitaciones para caminar, debido a un proyectil que aún mantiene en uno de sus pies, y esquirlas almacenadas en diferentes partes de su cuerpo, señala que la muerte de sus compañeros fue infame porque ellos no cargaban ningún arma. "Ojalá nosotros hubiéramos podido tener la oportunidad siquiera de defendernos, pero nada de eso pasó, porque no teníamos armas con que defendernos", reconoce Camilo.
Camilo Chong tiene su propia opinión sobre estos acontecimientos, los cuales repudia por considerar que nada justificaba que los norteamericanos hubieran invadido a Panamá y provocado tantas muerte de humildes panameños, por el solo hecho de llevarse a un hombre que lesionaba sus intereses.