La obra, que forma parte de una inversión de B/. 600 mil, se suma a la construcción de un estacionamiento para 85 vehículos, un museo y el empedrado de calles como parte del programa para el desarrollo de la ciudad de San Felipe de Portobelo, que coordinan el Instituto Panameño de Turismo y el municipio.
A su juicio, el problema en Panamá es que no se ha trasplantado a ningún paciente no asegurado, por lo que espera que un convenio en ese sentido entre la CSS y el Ministerio de Salud sea pronto una realidad.
"Consideramos que una vez eso ocurra, definitivamente la meta sería el Hospital Santo Tomás, donde se desarrollarían las unidades de coordinación adecuadas, ya que en esa entidad médica pública se están perdiendo órganos que podrían salvar la vida a otros panameños", puntualizó Pittí. Según Edgar Figueroa, vicepresidente del Comité Nacional del Trasplante, en Panamá se está tratando de adoptar una política o plan nacional de trasplante "donde la figura del coordinador es primordial para la captación de los donantes cadavéricos".
Sostuvo que los países desarrollados tienen cada día más donación cadavérica y menos donación de donantes vivos relacionados.
"El concepto moderno es tratar de que el donante cadavérico sea multiorgánico, es decir, que por lo menos se favorezcan cinco enfermos terminales, de los cuales dos serían para pacientes de transplante renal, uno para transplante hepático, otro para caso cardíaco y el último para el reemplazo de pulmón o intestinos", subrayó Figueroa.
También consideró que a corto plazo Panamá podrá iniciar los trasplantes de corazón y posteriormente de hígado.
Sobre el hecho de que no se estén obteniendo órganos cadavéricos del Hospital Santo Tomás, Figueroa indicó que "no es un asunto fácil, ni un camino de rosas, por lo tanto, se necesita de entrenamiento, una docencia dirigida al personal del hospital y la sociedad en general para que estos programas sigan adelante".
Añadió que actualmente hay seis urólogos en todo el país que están entrenados en trasplante, a los que el Comité Nacional de Transplante ha expedido su certificación como especialistas en la materia.
Informó que ya hay médicos especialistas entrenados en trasplantes cardíacos y están por entrenarse otros en trasplante hepático. Este es el lema de la ANPIRFC para fomentar la donación de órganos en Panamá, con el apoyo de la CSS y el Ministerio de Salud.
Este organismo mantiene una permanente labor de información para que la donación de órganos deje de ser un tabú en muchos sectores de la sociedad panameña.
Cualquier persona sana, mayor de 18 años, puede ser donante de sus órganos y tejidos al momento de finalizar su vida. El cónyuge o familiar más cercano, según la ley, son los únicos que pueden autorizar dicha donación.
Actualmente pueden donarse cerca de 25 órganos y tejidos para ser trasplantados. Los órganos vitales incluyen el corazón, pulmones, riñones, hígado y el páncreas, mientras que entre los tejidos figuran córneas, huesos, piel, tendones, venas, las válvulas del corazón y médula ósea.
En vida se puede donar a un familiar riñón, algunas partes de hígado, pulmón o médula ósea. En ningún caso existen preferencias. Los familiares del donante no pueden elegir al receptor del órgano. Además, ni el hospital, ni los familiares del donante pueden cobrar por la donación. Esto se considera un delito muy grave.
La extracción de órganos sólo se puede realizar en un hospital donde ha ocurrido el fallecimiento, se hayan realizado todas las comprobaciones de muerte cerebral exigidas por la ley, y se solicite a la familia la autorización para efectuar la cirugía.
La donación no ocasionará gastos a la familia del fallecido. Como cualquier operación, no causa deformidad en el cuerpo y no impide los trámites funerarios normales.
El trasplante de riñón ayudará al paciente a filtrar la sangre y eliminar las sustancias tóxicas que se encuentran acumuladas en el cuerpo, así como mantener el equilibrio del agua del cuerpo, regulando la presión arterial y la formación de glóbulos rojos.
Tras la cirugía, el paciente tendrá que tomar medicamentos para conservar el riñón trasplantado, de forma tal que el sistema de defensa de su cuerpo no ataque el injerto.
Entre los medicamentos suministrados para esta terapia, los cuales deben ser controlados por un especialista y no suspenderse de forma abrupta, están la azathioprina o inmuran (tabletas), prednisona-corticoide (tabletas), ciclosporina-sandimun (cápsulas).
El paciente trasplantado debe tener una dieta balanceada para el buen funcionamiento del riñón. Puede comer diariamente aves (pollo, gallina, pavo, paloma), marisco (pescados, camarón, langostino, pulpo), alimentos que deben ser previamente hervidos y sazonados con ingredientes naturales (ajo, ajíes, cebolla, apio, culantro, perejil, orégano).
También puede consumir legumbres, vegetales, verduras, leche y queso descremados y todas las frutas que quiera.
En ocasiones el paciente trasplantado puede comer carne de res sin grasa, granos y cereales (arroz, pastas, pan y frijoles), azúcares (dulces, golosina, helados y jugos).
Los alimentos que no puede consumir son las grasas (puercos, aceites, mantequilla), vísceras (corazón, hígados, mollejas, mondongo, pajarilla, bofe), embutidos (salchicha, jamón, tocino, salami), productos enlatados y sazonados con preservativos, bebidas alcohólicas ni sal en grandes cantidades.