Las playas de las islas Colón, Bastimentos y Cristóbal en la provincia de Bocas del Toro fueron visitadas por centenares de personas que decidieron pasar sus días de carnaval en esa región del país.
Hasta ayer martes, aún continuaban llegando visitantes que tenían que esperar horas para poder abordar las lanchas rápidas que brindan el servicio de taxi acuático, entre Almirante e Isla Colón, cabecera de la provincia.
Los visitantes, muchos de los cuales van por primera vez a la región, se deleitaron con la práctica del buceo, paseos en lancha, esquiar sobre el agua o simplemente caminar por las playas, mientras admiran los paisajes y costas y escuchan los cantos de las más de 100 especies de aves que pueblan la tierra tortuguera.
En tanto, que los lugareños que son testigos de los acontecimientos acaecidos en la isla por más de medio siglo, aseguran que desde inicio de las operaciones de la transnacional bananera, no veían tal movimiento de personas en el lugar.
La influencia de tantas nacionalidades por ende de idiomas, no fue obstáculo para que los locales pudieran guiar y hacer amistad con los forasteros, las señas y una que otra palabra fueron suficientes pero más que otra cosa, el calor acogedor característico del bocatoreño.
Los desfiles de las reinas y sus cortes se realizaron de manera peculiar y tal vez única en el país, lo hicieron a bordo de lanchas paseándose por toda la bahía y también por las calles de las islas mencionadas sin importar el orden porque dependiendo del calor y el ánimo se cambiaban las opciones.
Los grupos de calipso, discotecas, rapeadores y la mojadera desde los cisternas preñados de agua salada fue otro atractivo. En Bocas del Toro, cuando se celebra en grande, tenga por seguro que se unirá al jolgorio un buen aguacero y así sucedió, el día lunes, pero esta situación natural y propia del lugar no fue placer que la mayoría prometió volver.
La vida nocturna no se quedó atrás, todos los días de carnaval incluyendo este martes, los centros nocturnos se vieron copados a su máxima capacidad, hay quienes por falta de habitaciones durmieron en las playas y parques dentro de sus respectivos sacos pero la fama era tan buena, que muchos despertaban azotados por el sol o la lluvia, a un lado de lo que debió ser su cómoda cama.
Pero no todo fue color de rosas, hay quienes se quejaron y hasta retornaron a su lugar de origen por la falta de comida, habitaciones, facilidades como baños, agua y otros. Los lugareños expusieron lo propio, la apertura de la carretera obligó a los propietarios de lanchas o deshacerse de varios de estos vehículos a falta de clientes, los dueños de restaurantes tienen la medida exacta para estas fechas, los hoteles están en un proceso de expansión y en los bares no se esperaba tal cantidad de forasteros.
Lo cierto es que los locales fueron sorprendidos por la cantidad de personas que se dieron cita en el lugar, hay quienes por revistas, internet, televisión, radio y otros medios escucharon o vieron las bellezas de Bocas del Toro y finalmente cuando se abrió la carretera decidieron, que nadie les echaría cuento y así coincidieron.