Los cuerpos de quienes fueron ejecutados y tirados en un lugar apartado de la provincia de Panamá, durante el fin de semana, ya fueron sepultados.
Aunque se trata de dos pueblos distantes uno del otro, el sentimiento de luto y dolor por la pérdida de sus seres queridos se reflejó en ambas familias.
Rolando Alberto Antón Rivera fue enterrado en el cementerio municipal de la comunidad de Santa Marta, donde en vida él había solicitado que le dieran cristiana sepultura, para estar al lado de su padre.
A esa misma hora, la casa de Ludovino González Valdés, ubicada en El Palmar de Puerto Armuelles, estaba llena de personas que acompañaban a la dolida viuda, Idalia Vega, que una vez fungió como representante de corregimiento.
El cuerpo de Ludovino fue trasladado hasta el cementerio de Puerto Armuelles, a eso de las 12: 00 mediodía de ayer.
Pastores de iglesias evangélicas, en ambos actos fúnebres, fueron los encargados de dirigir los asuntos religiosos en medio del llanto y grito de los familiares.
Durante los sepelios, hubo un ambiente de duda entre los presentes, que sólo han conocido por los medios de comunicación sobre el desagradable hallazgo de los cuerpos y el poco avance de la investigación para conocer el móvil y los presuntos responsables.
A los dolientes les queda el recuerdo del último día que vieron a Ludovino y Rolando, antes de partir hacia la ciudad capital para comprar unas piezas de un camión hace nueve días.
Las denuncias que los señalaban a ambos como desaparecidos, se interpusieron el lunes en la mañana en la sede regional de la PTJ de Chiriquí.
Según Idalia Vega, viuda de Ludovino González Valdés, desconoce cuál fue la causa para que mataran a su esposo.
Señaló que desea que las autoridades investiguen para encontrar a los culpables.
"No he recibido ninguna llamada de las autoridades para decirme nada, pero yo sólo pedí que me dejaran enterrar a mi esposo para luego hacer todas las averiguaciones", dijo entre lágrimas.