La nueva Señorita La Chorrera fue electa de entre un grupo de seis concursantes, las cuales debieron someterse al escrutinio del jurado al desfilar en traje de baño, traje de gala y en una coreografía, elaborada por la profesora Emma Escala.
La principal fuente de ingresos la representa el aporte gubernamental del Instituto Nacional de Cultura (INAC) e Instituto Panameño de Turismo (IPAT), con 5 mil cada uno, y el Fondo de Inversión Social (FIS), que otorga 3 mil. El resto es de la autogestión y los padrinazgos que logra el patronato.
Si hay algo que tiene el Festival de El Manito de Ocú es que guarda, celosamente, la tradición, y ello es evidente. Cada delegación es más auténtica que la otra. Muchas veces llegan de regiones de difícil acceso y caminos en muy mal estado al desfile, por lo que dentro del evento son la mayor atracción.
"El Penitente de la Otra Vida", "El Bendito" y la espectacular "Carga del Rancho" son algunas de las estampas que presentan las delegaciones, que desde 1967, año en que se inició el festival, son la médula espinal del evento. Cada delegación representa uno de los siete corregimientos del distrito.
Otras tradiciones como el "matrimonio campesino", "El baile de El Manito" y "El muerto en talanquera" son actos rememorados y realizados por el ocueño, y hasta el mismo campesino se convierte en su protagonista. "Lo que distingue al festival es que los verdaderos manitos son los protagonistas y centro de atracción", recalcó Aizprúa.
El sábado en la Iglesia San Sebastián, a las 10:00 a.m., se llevó a cabo el matrimonio campesino. Después de la ceremonia eclesiástica, los esposos subieron al caballo y se trasladaron hasta los terrenos de la feria, donde se realizaron los actos de celebración.
Allí, la familia sentó a la pareja en una hamaca y los parientes más viejos le dieron la comida en la boca con utensilios de palo, como se hacía antaño.
La presidenta del Comité de El Manito, Ángela de Aizprúa, manifestó que éste es un festival donde se le rinde honor al campesino, que es el verdadero manito.
El hombre del campo tenía, y aún lo hace, la costumbre de saludarse dándose las manos y llevándoselas a la frente y se dicen la frase ""ta las manitos", de ahí su nombre.
Actividades heredadas de los españoles que se instauraron en la región, fueron recogidas por los educadores y cada año se recuerdan en el Festival de El Manito.