En una barriada precarista de la ciudad de David, bautizada como, Sendero Luminado, Lidia Bejerano a sus 14 años, lo único que ha hecho en la vida es cuidar a sus parientes de menos edad y ocuparse de los quehaceres del lugar donde vive precariamente, junto a su madre y por lo menos ocho personas más.
Las constantes migraciones que ha tenido que hacer con su madre, Celia Bejerano, desde que residían en Changuinola y su papá, no quiso hacerse responsable de ella, han hecho que la educación sea algo inalcanzable para esta adolescente, ya que, la vida agitada en las cosechas, o lugares donde han vivido por necesidad, no dan lugar siquiera a pensar en una escuela.
Pero la educación es sólo un punto, entre las situaciones irregulares en las que ha vivido Lidia, que legalmente no existe, puesto que, nunca fue registrada en alguna oficina del Registro Público, ya que su madre tampoco tiene cédula o algún documento que la identifique.
"No se leer ni escribir; quiero ir a la escuela, pero yo no tengo ni papel de nacimiento y por eso no puedo entrar, porque tengo que andar con mi mamá", respondió mientras trataba de callar a un pequeño familiar que lloraba asustado por la cámara fotográfica.
Lidia es hermana de los trillizos, de los cuales en ocasiones anteriores informamos sobre la situación inhumana que vivían sin el apoyo de nadie, pero aunque han mejorado un poco el lugar donde duermen, la falta de espacios, la suciedad y la gran cantidad de personas que utilizan el sitio, hacen de la casa improvisada el lugar menos indicado para vivir.
Una especie de choza, construida con palos y pencas sirven de cobertor contra el sol, lluvia o el sereno de la noche, mientras que en su interior se observan unas 4 camas, hechas con los mismos materiales de la choza y algunos pedazos de cartón, ocupadas casi siempre por los trillizos.
Aunque en medio de esa pobreza, Lidia no puede pensar en educarse, no vacila en responder que sí quisiera aprender a leer y escribir, aunque sabe que su madre no le puede comprar un cuaderno.
El padrastro de Lidia no tiene trabajo y debe suplir de alimentos a sus tres hijos recién nacidos y al resto de los hijos de su mujer, quien tampoco cuenta con un sustento para llenar las necesidades de ninguno.
Changuinola, Chiriquí Grande, la Comarca Ngöbe Buglé, Renacimiento, la Villa del Indio, son sólo algunos de los lugares donde Lidia recuerda que ha vivido con su madre y el resto de la familia, sin que nunca haya podido tocar un cuaderno o libro de cuentos.
Lidia se dedica a cuidar a sus hermanos más pequeños.