No se notaban lágrimas en sus rostros porque para ellos, con esto no se resuelve nada, el hambre era evidente y una tristeza en su mirada al encontrarse en el cuartel de la Policía de Penonomé, mientras esperaban sus alimentos para luego retornar al lugar que menos deseaban, Monte Lirio de Chiriquí, pues salieron de allá por las condiciones infrahumanas que vivían, en busca de mejor vida en Colón.
Esta es la situación de 89 indígenas, 55 de ellos niños, todos de la comunidad de Monte Lirio de Río Sereno en Chiriquí. Emprendieron el más triste recorrido el pasado miércoles, desde Río Sereno hasta las áreas limítrofes de Coclé y Colón, en busca de la tierra prometida, guiados por Benito Castillo.
Su destino era llegar a la comunidad de San Benito de Donoso en Colón, un área donde hay tierras libres para que se pudieran instalar, porque así se los hizo saber un hombre conocido como Benito Castillo, quien conversó con el regidor de esta comunidad limítrofe entre Coclé y Colón.
Cuenta el indio Manuel Morales, que Castillo ya había visitado estas tierras antes, y les informó que habían terrenos libres, lo que los motivó a dejar lo poco que tenían en Río Sereno y viajar en busca de una mejor vida para sus familias que viven en condiciones infrahumanas. "No tenemos tierras donde ubicarnos, no tenemos trabajo, necesitamos que nos ayuden", comentó el indígena.
Estos indios iniciaron su recorrido en un bus colegial desde Monte Lirio hasta Penonomé, luego tomaron un transporte de la ruta de Coclesito, para luego caminar casi una hora y llegar a la tierra prometida, donde se instalarían y posteriormente regresarían a buscar a Río Sereno el resto de la familia.
El recorrido no fue lo que ellos esperaban, al llegar a estas tierras limítrofes de Colón y Coclé se encontraron con la mala noticia, no podían quedarse en estas tierras porque no estaban libres. "Todo fue inútil, ahora estamos sin nada, lo que teníamos se lo dimos a los buses que nos trasladaron, cerca de 20 balboas", dijo.
El motivo de la inmigración de estos indios de Chiriquí a Coclé y Colón era obvia, las condiciones que se viven allá no son dignas para ningún ser humano.
Ellos querían cambiar un estilo de vida con tierras que les proporcionaran alimentos y por ello se corren el riesgo de gastar el poco dinero que tenían para pagar transporte y llegar al área que les había indicado el guía Benito Castillo.
Onel Sibú, un pequeño, quien a pesar del problema que pasaba junto a sus compañeros nos recibió con una gran sonrisa, comentó que no recordaba su edad, pero sí que está en primer grado y que el viaje fue largo.
"No queremos regresar a ese lugar allá, no tenemos alimentos, no hay trabajo y menos una vida buena", dijo el niño, mientras llevaba una cuchara con arroz y salchichas a su boca, alimentos que les aguardaban en la Policía. Onel cuenta que viajó con su padre y que en Chiriquí se quedó su madre y hermanitos.
Otro de los indios, Miguel Miranda, sostuvo que ellos básicamente son de Bocas del Toro, pero a causa de las necesidades y el trabajo viajan a Chiriquí a diferentes lugares, "no tenemos terrenos, no tenemos viviendas y por ello viajamos a Donoso de Colón".
Miranda solicitó a la Presidenta de la República, que programe un viaje a Monte Lirio en Chiriquí al área donde ellos están ubicados y que ella se convenza de la situación infrahumana que están pasando.
"No sólo es buscar votos", manifestó el indio muy enojado. Expresaron los campesinos que Benito Castillo se quedó en el área con otros de sus compañeros, porque lograron caminar hasta Belén, pero que ellos lamentablemente salieron de la tierra prometida.
Sólo la mitad de estos 89 indígenas se encuentran en Chiriquí, luego de que los trasladara la Policía Nacional de Penonomé a su provincia de origen. De éstos, 43 indígenas llegaron hasta San Benito. Sin embargo la Gobernación de Coclé y Colón en conjunto con la Policía Nacional ubicaron un vehículo que los trasladó hasta Penonomé, donde estaba un bus de la entidad esperando para llevarlos ya en horas de la noche hasta Chiriquí, pero antes fueron alimentados.
El resto de los indígenas se rehusaron a regresar a sus supuestos hogares en Monte Lirio de Río Sereno, pues allá no hay comida y mucho menos un terreno para vivir.
Estos últimos se adentraron más a las áreas montañosas de Colón, según sus compañeros, "ellos sí lograron llegar a Belén". Los rostros de los indios al llegar a Penonomé más que de asombro eran de tristeza y desilusión, nadie podía hacer nada por ayudarlos, todo estaba decidido, debían regresar a Chiriquí.
La situación de estas personas ahora empeora, sin tierras, sin viviendas y sin alimentos con más de 55 niños que tienen problemas de desnutrición, nadie les da respuesta, ellos sólo piden una tierra para trabajarla. "No le pedimos dinero señora Presidenta", dijeron.