Hipólito junto a su esposa Frígida luchan por tratar de salir adelante cargado una verdad difícil de lidiar. Sus tres hijos han nacido con deficiencias físicas.
Ana María Barrios Ortiz, la menor, tiene 10 años, y sufre de parálisis cerebral, no se vale por sí sola; presenta un severo cuadro de desnutrición.
Con esfuerzo puede ingerir comida sólida, basada en una dieta de verduras, granos y algunos que otros vegetales que sus padres a duras logran conseguir. Todo el día se la pasa sentada en una vieja silla de madera mientras su madre realiza los quehaceres del hogar.
La misma condición sufre su hermano Clemente Barrios, de 15 años, pero no puede ingerir alimentos sólidos. Debido a la rigidez de la cama, su cuerpo presenta excoriaciones. Hipólito Barrios (hijo), de 22 años, es sordo y ha podido ayudar a su familia.
Frígida, entre lágrimas narró que no sabe qué hacer, se siente limitada, la tristeza la embarga, tanto que en ocasiones ha pensado hasta en quitarse la vida.
Al señor Hipólito le gustaría conseguir aunque fuera una silla de rueda para hacer más fácil la tarea con sus hijos.
La familia Ortiz espera que alguien se ponga la mano en el corazón y pueda ayudar para que sus días no sean tan pesados.